Foto: amanda tipton / Flickr, bajo licencia Creative Commons.

¡No te metas en el agua, que te va a dar un corte de digestión! Durante décadas, este grito de guerra de nuestras madres nos ha tenido varados en la arena durante dos horas largas a la espera de que nuestro estómago terminara su trabajo. Lo más gracioso es que el famoso corte de digestión no existe. Es solo uno de los muchos mitos que relacionan el verano con el estómago.

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La doctora Ana Bellón es especialista en dietética y nutrición en el Centro Médico Bellón. En una reciente charla, Ana explica algunos de los mitos más persistentes en torno al verano y el cuidado del estómago. Es muy probable que hayamos oído alguno antes.

Foto: John Truong / Flickr, bajo licencia Creative Commons.

Mito 1: El corte de digestión

Si hacemos caso de lo que nos decían nuestros padres y abuelos, si nos metemos en agua fría después de haber comido, nuestra digestión se interrumpe de alguna manera, dando lugar a un proceso terrible que podría incluso ahogarnos.

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Lo curioso de este mito es que es acertado a medias. La digestión es un proceso que puede durar entre diez horas y dos días y no se corta. El preocupante síndrome al que se referían nuestros mayores no tiene nada que ver con el estómago ni con lo que hemos comido, sino con un fenómeno llamado hidrocución.

Si nuestro cuerpo está muy caliente porque hemos estado horas tostándonos al sol, y nos metemos de golpe en agua fría la diferencia de temperaturas puede provocarnos un choque termodiferencial que, en los casos más graves, deriva en una parada cardiorrespiratoria. Puede suceder perfectamente con el estómago vacío si, por ejemplo, hemos estado haciendo ejercicio intenso bajo el sol y nos lanzamos al agua de golpe. Si el agua está muy fría, y nosotros muy calientes (hipertermia) es conveniente meterse muy gradualmente.

Mito 2: El helado es digestivo

El helado tiene muchas cualidades nutricionales, pero facilitar la digestión no es una de ellas. Si te has puesto fino a paella y tu cuñado te recomienda “un heladito para bajar la comida” no le hagas caso. El helado es rico en grasas y azúcares, y su gran aporte calórico no facilita la digestión, sino que la dificulta aún más. Un sorbete de hielo ligero puede ser mejor opción.

Foto: Igor Klimov / Shutterstock.

Mito 3: Las bebidas frías son indigestas

Cuántas veces habremos visto a padres diciéndoles a sus hijos que no beban agua fría tan rápido que “les va a sentar mal al estómago”. La realidad es que las bebidas muy frías no provocan diarrea por el hecho de estar frías. El cuerpo necesita ese aporte de frío para regular su temperatura, e hidratarse en verano siempre es una buena idea.

Lo que sí nos puede sentar mal es si la bebida fría es alcohólica. El exceso de alcohol relaja el esfinter y puede producirnos diarrea. También puede ocurrir con el zumo de naranja en ayunas, que hace que la vesícula biliar se vacíe bruscamente, provocando dolor abdominal, malestar general , pesadez y sensación de indigestión.

Foto: txking / Shutterstock

Mito 4: Echar la siesta ayuda a hacer la digestión

Puede que sí, puede que no. La proverbial siesta tiene muchos beneficios: reduce el estrés, ayuda al aprendizaje y es buena desde el punto de vista cardiovascular. Sin embargo, si hemos comido copiosamente, la siesta ya no es tan recomendable. La doctora Bellón explica que ni la posición horizontal ni el calor son beneficiosos para la digestión, y pueden hacer que nos levantemos con sensación de pesadez y sudoración. Es mejor buscar un lugar fresco y ventilado, echarla sentados y solo durante un rato. Además, dormir después de comer no ayuda a quemar grasas, sino a acumularlas.

Mito 5: El pescadito y la tortilla

El pescado a la plancha y la tortilla sin aderezos son para muchos el remedio mágico con el que tratar cualquier tipo de indisposición estomacal veraniega. Sin embargo esto es solo un mito que no tiene por qué aplicarse a todos los problemas de estómago. La coagulación de la yema la hace más difícil de digerir el huevo, y el pescado, sobre todo el azul, puede provocar o empeorar intolerancias alimentarias.

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