Cuando se destapó el escándalo de espionaje telefónico de la NSA, la principal excusa de la agencia fue asegurar que no recolectaba conversaciones telefónicas, sino metadatos. Es decir, no sabía a quién pertenecían los números, pero sí a qué teléfonos llamaba, cuándo o durante cuánto tiempo. ¿Inofensivo? Para nada. Un sencillo experimento de estudiantes de Stanford demuestra lo fácil que es identificar a una persona partiendo de sus metadatos.

Es una de las preguntas que han pululado tras destaparse el escándalo de espionaje de la NSA: ¿qué se puede hacer realmente con los metadatos? Jonathan Mayer y Patrick Mutchler, dos estudiantes de Stanford, realizaron una prueba para comprobarlo.

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Primero diseñaron una aplicación Android para reunir 5.000 números de teléfono de voluntarios que sabían que su número se utilizaría para el proyecto de investigación. Luego, simplemente contrastando esos números de forma automática contra información pública en Google, Facebook y Yelp, lograron identificar al 27% de las personas o negocios.

Para imaginar qué se podría hacer si alguien tratara de identificar manualmente a personas en base a los números recolectados, seleccionaron 100 teléfonos. Buscando uno por uno en Google lograron identificar al 60% de la gente. Añadiendo Facebook y Yelp subieron al 73%. A eso añadieron Intelius, una especie de buscador online de personas. Con este método y las anteriores fuentes lograron identificar al 91% de las personas o negocios.

Se trata de un sencillo experimento, pero demuestra el poder de los metadatos, de lo fácil que es utilizarlos para identificar a gente mediante servicios públicos completamente gratuitos.

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Ahora imagina de lo que es capaz hacer con los metadatos una organización con el poder de la NSA. La conclusión es relevante porque la principal defensa de la NSA era que solo pidió a las compañías telefónicas los números de teléfono, no los nombres. En realidad, eso es lo único que necesitan para identificar a la gente sin problema. Y no solo aplica a los números de teléfono. Piensa en tus metadatos de navegación online, del email, de servicios de mensajería, de todas tus aplicaciones digitales. Es el rastro digital que nos delata. [Web Policy Blog vía The Atlantic]

Foto: AP