Paisaje de Alaska. Todo el planeta tuvo este aspecto durante millones de años. Foto: Wikipedia

Hace alrededor de 717 millones de años toda la Tierra se cubrió de un manto de hielo y nieve como nunca se había visto. La superglaciación fue tan extrema que aún hoy no se tienen claras sus causas. Un nuevo estudio de la universidad de Harvard apunta a un culpable sorprendente: una erupción volcánica.

La superglaciación, de la que se tiene constancia solo por registros geológicos, fue tan extrema que se la conoce como Tierra “bola de nieve”. Los océanos se cubrieron de una capa de hielo y las temperaturas bajaron a una media de 50 grados Celsius bajo cero durante un periodo que se estima que duró unos 12 millones de años.

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¿Cómo puede todo un planeta enfriarse tan rápido y durante tanto tiempo? Según un nuevo estudio publicado en Geophysical Research Letters, la culpa la tuvo un evento volcánico que devastó completamente la región del planeta comprendida hoy entre Alaska y Groenlandia durante al menos 10 años.

Hoy en día se sabe que las erupciones volcánicas, si tienen la suficiente magnitud, pueden afectar al clima a nivel global, pero nunca hasta ahora se habían encontrado indicios de que un volcán estuviera detrás de esta superglaciación. Al principio, los profesores Francis Macdonald y Robin Wordsworth, ambos de Harvard, pensaron que el enfriamiento pudo deberse a cómo la roca basáltica liberada por el volcán interactuó con el CO2 de la atmósfera, pero entonces la bajada de temperaturas debería haber sido mucho más gradual.

Las partículas en suspensión, sin embargo, sí que pueden provocar un enfriamiento muy rápido en las condiciones adecuadas. En ese sentido, la erupción volcánica de Alaska hace 717 millones de años fue la tormenta perfecta. Los estudios geológicos de esa zona en la actualidad revelan que la erupción liberó cantidades masivas de dióxido de sulfuro, una sustancia que, si llega a la estratosfera, bloquea de manera muy efectiva la luz solar.

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Generalmente, la estratosfera está demasiado arriba como para que estas partículas la alcancen en gran número, pero la altura de la tropopausa (la frontera entre la troposfera y la estratosfera) es variable y depende mucho del punto del planeta y la temperatura general. Cuánto más baja la temperatura del planeta, más abajo está la frontera. Aquellas erupciones coincidieron con un período en el que la tropopausa estaba más baja de lo normal y la Tierra algo más fría.

Concepto artístico de una superglaciación.

Para rematar, en aquél momento la deriva continental situaba Alaska y Groenlandia en el ecuador, con lo que las nubes de las erupciones bloquearon la luz del sol en el lugar en el que más calentaba. Una vez la capa de hielo se extendió lo suficiente, la cantidad de luz del Sol que reflejaba alcanzó un punto crítico. Se reflejaba demasiada luz y calor, y lo que hubiera sido una glaciación más se convirtió en una superglaciación. Lo más inquietante es que, aunque suceden cada mucho tiempo en términos humanos, este tipo de incidentes son la norma, no la excepción, desde un punto de vista geológico. [vía Phys.org]