En enero, una mujer brasileña de 20 años acudió a hacerse una ecografía rutinaria y recibió una noticia preocupante: aunque había tenido un embarazo normal y saludable hasta entonces, su bebé tenía un peso demasiado bajo. La mujer fue derivada a un hospital donde empezaron a hacerle pruebas.

Ni fiebre ni erupciones en la piel, la madre nunca había tenido síntomas de Zika. Sin embargo, el feto mostraba signos de microcefalia (desarrollo insuficiente del cráneo), hidranencefalia (pérdida casi completa del tejido cerebral) e hidropesía (acumulación anormal de fluido). A las 32 semanas, una nueva ecografía reveló que el bebé estaba muerto y los médicos indujeron el parto. Un análisis detectó el virus del Zika en el cerebro, el líquido cefalorraquídeo y el líquido amniótico.

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Este nuevo caso ha levantado una oleada de preocupación en torno al virus. El Zika está vinculado con aumento de recién nacidos con microcefalia y se sigue investigando para entender esa relación. Pero en este caso, los daños neurológicos son muy graves. “Estos resultados aumentan la preocupación de que el virus pueda causar graves daños a los fetos, que conducen a la muerte fetal intrauterina, y puede estar asociado con otros efectos además de los que se observan en el sistema nervioso central” explica el doctor Albert Ko, coautor de un estudio sobre el caso publicado en PLOS.

Los investigadores destacan que esta paciente ni siquiera sabía que tenía Zika ya que una de cada cuatro personas infectadas no presentan síntomas. Por eso recomiendan a las autoridades de Brasil que hagan revisiones en los casos de muerte fetal intrauterina a partir de los últimos meses para discernir entre casos aislados o una señal de alerta. Con un solo caso, los científicos siguen sin estar en condiciones de vincular el virus del Zika con las complicaciones neurológicas.

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[PLOS Neglected Tropical Diseases vía Motherboard]

Imagen: Shutterstock

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