La superficie de Io, en color simulado. Foto: NASA

Venus puede ser un infierno ácido a altas presiones, pero si hay un objeto en el Sistema Solar que se parece al infierno tradicional de fuego y calderas hirvientes, ese es Io. El satélite de Júpiter no solo tiene cientos de volcanes activos y extensos lagos de magma. Además tiene olas de roca fundida.

Nuevas observaciones de la superficie de Io han descubierto que estos tsunamis de lava fluyen en los lagos de roca incandescente como el Lago Patera, un enorme campo de magma del tamaño aproximado del Lago Ontario, en Canadá (unos 21.000 kilómetros cuadrados).

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El causante de estas inundaciones no es otro que Júpiter y su interacción con el resto de satélites jovianos que orbitan alrededor del gigante gaseoso. Las sondas Voyager 1 y 2 ya confirmaron en los 70 que la intensa fuerza de marea que ejerce Júpiter sobre Io provocaba un calentamiento en el interior del satélite y una intensa actividad volcánica.

Posteriores observaciones revelaron que el lago Patera muestra un intenso resplandor de forma periódica en su superficie. Al principio se creía que el fenómeno, que se repite cada 400 a 600 días terrestres, se debía a la propia actividad volcánica, pero un nuevo estudio llevado a cabo por astrónomos de la Universidad de Berkeley sugiere que se trata de masivas olas de lava que inundan las regiones cercanas.

En marzo de 2015, Europa pasó por delante de Io. La superficie helada de este segundo satélite (y por tanto casi invisible en el espectro infrarrojo) hizo que el momento fuera perfecto para estudiar el lago Patera. Para medir las fluctuaciones de temperatura sobre la superficie de Io emplearon el Large Binocular Telescope Observatory (LBTO) de Arizona. El resultado de las observaciones es bastante espectacular.

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El paso de Europa cerca de IO desencadena dos masivas olas de lava que se desplazan de este a oeste a una velocidad de un kilómetro diario, recorren todo el lago Patera y rodean la isla central del lago antes de chocar. Las olas se mueven a diferente ritmo, lo que sugiere que la geología interna del lago es bastante más compleja de lo que parece a primera vista.

Aún es preciso realizar más observaciones, porque el movimiento de estas olas no se parece a la manera de circular de la lava en nuestro planeta. Ashley Davies, del Centro de Propulsión a Chorro en Pasadena explica que aún hay muchos datos por analizar, pero que la mejor forma de averiguar qué es lo que pasa con la lava en Io sería enviar una sonda al satélite joviano. Lamentablemente, de momento no hay ninguna misión prevista con esas características. [vía Nature]