La idea de inyectarte una solución con millones de diminutos terminators de metal líquido no parece muy agradable. Sin embargo, puede convertirse en una de las armas más poderosas para combatir el cáncer. Estos pequeños dispositivos no solo detectan y eliminan las células enfermas, sino que después se disuelven sin causar daño.

El diseño de esta nueva técnica corre a cargo de un equipo de científicos de las Universidades de Carolina del Norte y Chapel Hill, y ya se ha probado con éxito en ratones.

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En realidad, los nanorrobots no destruyen el cáncer por sí solos. Para ello van equipados con dosis de un potente fármaco denominado doxorrubicina o hidroxildaunorrubicina (conocido comercialmente como Dox o adriamicina). Esta sustancia se utiliza ampliamente en quimioterapia, pero su efectividad sería mucho mayor si se pudiera inyectar solo en las células canerosas. Los nanorrobots de metal líquido hacen precisamente eso.

Todo comienza con una aleación líquida de galio e indio. Ambos metales se someten a ultrasonidos que rompen la solución en gotas de unos 100 nanómetros y oxidan su superficie. Los ligandos celulares de la solución se unen entonces a estas gotas y forman los nanorrobots, impidiendo que se vuelvan a unir en gotas más grandes.

Al introducir el Dox en la solución, los nanorrobots absorben el fármaco en su interior. Después, una vez inyectados en el torrente sanguíneo, viajan por el organismo pero solo reaccionan con las células cancerosas, que los absorben.

Infografía: Nature Communications

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La mayor acidez del interior de la célula destruye la pared oxidada del robot, liberando la droga y disolviendo la aleación. Además, los iones de galio resultantes de la reacción aumentan la potencia de la adriamicina. Los nanorrobots no solo no dejan residuos tóxicos en el organismo, sino que pueden produirse de manera masiva. Los doctores Yue Lu, Zhen Gu y Michael Dickey, coautores del estudio, explican:

Las primeras pruebas de laboratorio indican que el metal se degrada completamente en cuestión de días de una forma que puede ser absorbido o filtrado por el organismo sin efectos nocivos notables.

Se trata de una prueba de concepto muy esperanzadora. Al igual que los terminator de la ficción, este portador es transformable. Se puede fabricar fácilmente, se inocula en las células, se degrada y desaparece. Esperamos continuar con las pruebas con miras a comenzar los ensayos clínicos.

[Nature Communications vía Phys.org]

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