Imagen: MaxShutter / Shutterstock

En un pequeño laboratorio de Basilea varias arañas están tejiendo telas bajo una extraña danza o movimiento. A su lado el biólogo Hans Peter Rieder está tomando datos y registros del acontecimiento. Rieder está seguro de estar muy cerca de encontrar el origen de la esquizofrenia. Lo hace frente a esas arañas “dopadas” y bañadas bajo los efectos del LSD y la injerta de orina de humanos esquizofrénicos.

Visto así podríamos pensar que Rieder primero debería curarse él mismo antes de intentar descifrar el “gen” de la esquizofrenia, pero detrás de esta curiosa investigación, una de las más extrañas que se recuerden, estaba el influjo de una moda que comenzaba a finales de los años 40: el efecto de las drogas psicoactivas en los animales e insectos.

Arañas y LSD

Imagen: Witt y sus arañas psicotrópicas.

Las sustancias psicoactivas como pueden ser desde la cafeína y la anfetamina hasta la mescalina, el LSD o la marihuana pueden tener un gran efecto en ciertos animales, al igual que con nosotros. En pequeñas concentraciones algunas de estas drogas psicoactivas producen en el animal o insecto unos cambios que podrían ser objeto de estudio para la búsqueda de otros fines.

Advertisement

Esto fue lo que pensó en 1948 el farmacólogo suizo Peter N. Witt, quien comenzó así su investigación sobre el efecto de los fármacos sobre las arañas. En realidad su motivación inicial para el estudio se debe a un encargo de un colega, el zoólogo H.M. Peters, para intentar modificar el momento en que las arañas de jardín construían sus telas (entre las 02:00 am y las 05:00 am). La razón de que Peters quisiera modificar estos horarios no está muy clara, pero Witt se puso manos a la obra y comenzó a probar con las arañas una gran variedad de fármacos psicoactivos (anfetamina, mescalina, estricnina, LSD y cafeína) encontrando finalmente que los “medicamentos” afectaban al tamaño y la forma de la telaraña, no tanto al momento en que se construían.

En pequeñas dosis de cafeína (10 mg por araña), las telarañas eran más pequeñas y los radios desiguales, pero la regularidad de sus círculos no se veía afectada. En dosis más altas (100 mg la araña), la forma cambiaba más y el diseño de las telas se convertía en irregular. Finalmente y tras muchas pruebas llega a la conclusión de que todos los fármacos probados reducían la regularidad de las telas a excepción de las pequeñas dosis del LSD (entre 0,1 y 0,3 gramos), en este caso aumentando la regularidad de las telas.

Imagen: Resultados de las telas analizadas por Witt.

Los fármacos se administraban por disolución en agua en azúcar junto a una gota de la solución que debían ingerir las arañas. En algunos estudios posteriores estas fueron “alimentadas” a través de moscas narcotizadas, en otras a través de una fina jeringuilla, y siempre al final con una toma de fotos de las telarañas, antes y después de estar drogadas.

Advertisement

La investigación de Witt se suspendió pero más tarde recibió un impulso en 1984 tras una publicación en la revista Science donde se hablaba de sus progresos. Una década después fue la NASA la que retomó la investigación de Witt, en este caso con arañas de jardín europeas y con unos resultados similares, aunque bajo un patrón de tela de araña que proponía un método sensible de detección de drogas.

Witt no fue el único ni mucho menos, a lo largo de la historia se han llevado a cabo muchas investigaciones con psicoactivos y animales e insectos, pero en el caso de Witt y tras su investigación, unos psiquiatras del Sanatorio Friedmatt en Basilea (Suiza) tuvieron una idea: ¿y si estas telas de araña les podían llevar al fondo de la esquizofrenia?

Peter Rieder y las arañas psicotrópicas

Imagen: Shotty / Shutterstock

En aquel entonces -y todavía hoy- era un misterio precisar de donde partía esta enfermedad mental. Sin embargo hay que pensar que se encontraban a principios de los 50, hace más de 60 años, y muchos científicos pensaron que habían encontrado una pista prometedora.

Por aquel entonces el uso de psicoactivos era utilizado en ocasiones para las investigaciones con pacientes. En las primeras investigaciones y después de ingerir dosis de mescalina o LSD, algunos pacientes sanos comenzaban a mostrar síntomas similares a los exhibidos por los esquizofrénicos. Las sustancias químicas inducían a los pacientes a alucinaciones a corto plazo y a trastornos de la personalidad.

Así llegaron a la siguiente cuestión: ¿podría ser que estas sustancias estén presentes de forma permanente en el metabolismo de los que sufren de esquizofrenia? En otra palabras, era posible que los esquizofrénicos efectivamente lo eran por un capricho del destino, porque tenían estas dosis de química en su cuerpo.

Así, con este punto de partida, los investigadores de Basilea comenzaron a examinar la orina de los esquizofrénicos en un esfuerzo por descubrir lo que podría ser este compuesto químico en el interior del organismo. Y sí, la orina fue elegida como el material básico para los investigadores.

Advertisement

Si estás leyendo hasta aquí es probable que te preguntes cómo demonios se supone que deberían encontrar una sustancia que, por una parte ni si quiera estaban seguros de que existiera, y por otra, no tenían ni idea de lo que consistía. Y es aquí donde aparece la figura del biólogo Hans Peter Rieder.

Rieder toma las riendas de la investigación y comienza con las muestras de orina de 15 esquizofrénicos, alrededor de 50 litros. Con el concentrado de orina resultante “alimentó” a un conjunto de arañas y se dispuso a comparar sus telas con otro grupo de arañas a las que anteriormente se les había dado orina de los investigadores.

Imagen: Zsolt Biczo / Shutterstock

Si la diferencia entre las telas de ambos grupos era evidente, entonces podrían estar en lo cierto y la sustancia que estaban tratando de encontrar fue la responsable. Por otra parte, si las telarañas también se parecían a las hiladas por aquellas arañas bajo la influencia del LSD y la mescalina, los científicos tendrían al menos qué tipo de sustancia estaban buscando.

Advertisement

El experimento se llevó a cabo varias veces con diferentes concentraciones de orina, pero los resultados fueron decepcionantes. Aunque las arañas ciertamente construyeron telas diferenciadas cuando estaban bajo la influencia de la orina, no existía una diferencia sistemática tan aparente como para que encontraran conexión entre la orina de los investigadores y la de los esquizofrénicos.

Tras una serie de experimentos el equipo encabezado por Rieder llegó a la conclusión de que la geometría de las telas de araña simplemente no era una herramienta adecuada para el diagnóstico de enfermedades mentales. Sin embargo llegaron a una conclusión paralela. Y es que el estudio concluyó que la orina concentrada, a pesar del azúcar añadido, tenía un sabor extremadamente desagradable. Según Rieder:

Después de tomar sólo un sorbo, las arañas mostraron una marcada aversión por cualquier otro contacto con esta solución; salieron de las telas, se frotaron las gotas residuales fuera de la estructura de madera, y tan sólo volvían a la tela después de lo que parecía una limpieza a fondo.

A veces la ciencia no llega al propósito inicial. Tras meses de estudio Rieder había encontrado que a las arañas no les gustaba el sabor de la orina.


Síguenos también en Twitter, Facebook y Flipboard.