Si pretendías ir algún sitio en un coche de Uber a partir de hoy en España, mejor busca un plan alternativo. El servicio de transporte basado en la aplicación homónima está oficialmente muerto por orden judicial. Era necesario, pero es una pena que tenga que terminar así. (Actualización 31/12/2014: Uber ha cerrado temporalmente su servicio en España).

En un principio se apuntaba a que solo había cerrado la página web y que la aplicación seguía abierta, pero la esperanza ha durado poco. La orden judicial que se ha ejecutado hoy es amplia, y contempla la "transmisión, alojamiento de datos, acceso a las redes de telecomunicaciones y/o a la prestación de cualquier otro servicio equivalente de intermediación en relación con las actividades de dicha compañía".

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En otras palabras, interrumpe todas las comunicaciones de Uber y mata el servicio en España. El auto del juez no solo contempla el "silencio de radio" en Internet. Las operadoras han sido requeridas para bloquear el servicio en sus redes móviles (Al cierre de este texto, Movistar ya había cumplido con esa orden). De igual manera, los operadores de tarjetas bancarias (Visa, Mastercard, Euro 6000 etc...) también han sido requeridos para que bloqueen los pagos al servicio. La eutanasia a Uber es completa y radical.

Aunque desde Uber aseguraban cumplir la legislación, lo cierto es que no era así al 100%. La actividad de Uber estaba, como mínimo, en un terreno gris muy resbaladizo que afectaba directamente a servicios más tradicionales como los taxis.

¿Cuál es la moraleja de esta historia? Probablemente que si tienes una nueva idea disruptiva de negocio, la rentabilidad de esa idea no puede estar basada en saltarse la legislación de varios países a la torera. La regulación del sector taxi en lugares como España es antediluviana y requiere una revisión urgente, pero eso es otro asunto. La reacción de la justicia española es rara por lo rápida, pero no ha sido de las peores contra Uber. En Corea del Sur, por poner un ejemplo, han presentado directamente cargos contra su CEO. Lo más lamentable del asunto es que no seamos tan rápidos para legislar y crear marco legal a nuevas (y muy buenas) ideas, sino que solo presumamos de velocidad a la hora de prohibir y de poner trabas a la innovación.

Quizá el problema de Uber es que han sido demasiado agresivos a la hora de entrar en el mercado. Existen otros servicios muy rompedores como AirBnB que también han tenido problemas legales y han provocado no pocas tensiones en los sectores en los que entraban. Sin embargo, lo han hecho con más suavidad e intentando llamar menos la atención al principio. Hacerlo así implica crecer más lento pero también permite asentarse mejor.

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Nos gustaría poder pedir que las instituciones legislen más rápido a medida que se producen cambios en la sociedad, pero esa petición lleva décadas cayendo en saco roto. Mientras nos decidimos a propiciar una renovación en profundidad de las propias instituciones, todo emprendedor que quiera sobrevivir tiene que pensar en contratar a un buen abogado, y a un buen director de comunicación experto en gabinetes de crisis, y no solo en campañas de promoción online agresivas.

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