Imagen: el buldócer de Marvin en plena batalla. AP

4 de junio del 2004. Una vez entró en la cabina y cerró la tapa sabía que jamás iba a salir de ahí con vida. Marvin Heemeyer estaba listo para iniciar el plan que llevaba trazando un año y medio. Había construido el buldócer definitivo, blindado con chapa antibalas, cámaras de vídeo, refrigeración interna para sobrevivir en el calor de la batalla, fusiles, semiautomáticas y rifles de largo alcance modificados… Una máquina de destrucción total con la que arrasaría el pueblo que a su ojos se había corrompido por la política.

Lo curioso es que antes de que esa fecha llegara y el pueblo de Granby (Colorado) se convirtiera en lo más parecido a una batalla de los Transformers, Marvin Heemeyer era un tipo al que todos reconocían como afable en el trato, un hombre honrado y amable que por alguna razón quebró en algún punto. Por eso y antes de relatar las horas que transcurrieron después de cerrar la escotilla de su máquina, tenemos que retroceder en el tiempo.

Heemeyer antes del Killdozer

Imagen: Marvin Heemeyer. Wikimedia Commons

Marvin Heemeyer vivía en Grand Lake (Colorado), a 26 kilómetros de distancia de Grandby. El hombre se había enamorado del estado en el momento en el que fue destinado cuando pertenecía a la Air Force estadounidense. Tras terminar su servicio e instalarse en la comunidad a principios de los 90, Marvin abrió una pequeña cadena de tiendas de silenciadores y componentes de coche en la zona. Pasado un tiempo comenzó a arrendar algunas de las tiendas a terceros, aunque nuestro hombre se quedaría con una, precisamente la que se encontraba en Granby, con la que pensaba retirarse tranquilamente.

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Fue una época donde nuestro protagonista se involucró en la comunidad, también en la política, “un hombre agradable que haría lo imposible por la comunidad” decían los vecinos; “se desvivía por cualquier persona”, contaría si hermano Ken Heemeyer. Aún así, siempre hubo quién estaba más familiarizado con la otra cara de Heemeyer, un lado donde se mostraba el temperamento volátil del hombre.

Una cara que mostró en varios episodios públicos. Por ejemplo cuando estuvo a punto de llegar a los puños con un periodista (y un periódico) que se oponía a la construcción de un casino en la zona (Marvin era defensor de la propuesta), o quizá aún más extremo, cuando amenazó de muerte a un cliente que se negó a pagar la reparación de un silenciador defectuoso. Una disputa donde el cliente acabó pagando a través de un intermediario por miedo.

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A finales de los 90 la familia Docheff se acerca a Marvin con la idea de comprarle el único taller de silenciadores que le quedaba. La idea era construir sobre el terreno una planta mezcladora. Por la razón que fuera (probablemente por intereses de terceros) se hizo público que Heemeyer había comprado el terreno en 1992 por 42 mil dólares de la época. El hombre aceptó la oferta de la familia Docheff para la venta del mismo por 250 mil dólares, pero el acuerdo se vino abajo cuando Marvin acaba elevando la cifra hasta los 375 mil dólares.

¿Qué hicieron los Docheff? Se cansaron de las dudas de Heemeyer y acudieron al ayuntamiento de Granby tratando de volver a zonificar las tierras circundantes al taller de silenciadores de nuestro hombre. Como podemos imaginar, bajo este nuevo escenario con el proceso de re-zonificación, Heemeyer está totalmente involucrado desde el primer momento, asistiendo a todas las reuniones de la ciudad con las que aparentemente mantendrá sus interesas protegidos.

Imagen: Entrada a Granby. Wikimedia Commons

Ocurre que en 2001 la comisión de la ciudad y los sindicatos aprueban la solicitud de cambio de zonificación. Todo bien, si no fuera porque el plan incluye que la planta de hormigón corte la única vía de entrada para el taller de silenciadores de nuestro hombre. Y es que Heemeyer había utilizado la propiedad adyacente como una manera de llegar a su taller, el nuevo plan bloqueaba esa entrada. No sólo eso, a Heemeyer se le junta que la ciudad le multa con 2.500 dólares por exceso de basura o chatarra en los alrededores de su taller y por no tener conectada su tienda a la línea de alcantarillado.

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Un cúmulo de adversidades con las que Marvin no se rinde. Lo primero que hace es acudir a la comunidad. Una serie de acciones y peticiones de ayuda vecinal con las que promover su defensa y lo que el hombre veía como sus derechos legítimos. También apela la decisión de la comisión de zonificación. Finalmente reúne las firmas necesarias de los vecinos de la ciudad para una petición oficial en contra de la creación de la planta.

A su vez intenta poner en orden la situación de su local buscando obtener el permiso para instalar una línea de alcantarillado que conecte con una propiedad privada colindante a la tienda de Heemeyer, pero los nuevos propietarios, los mismos que quieren levantar la planta, se niegan en rotundo.

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Finalmente y como último recurso acaba comprándose un buldócer con la intención de construir un nuevo acceso que le permita entrar en la tienda, pero el ayuntamiento también se niega a aprobar el plan de Marvin. El hombre denuncia la situación y muchos empiezan a sospechar en la zona que existe un negocio turbio entre la empresa privada y el consejo de la ciudad, de otra forma no se entendía lo que le estaba ocurriendo a Marvin.

Lo cierto es que nunca, ni antes ni hoy, han existido pruebas de que esto fuera así. Mientras, Marvin, sin opciones en la recámara y sin recursos, acaba enviando a la ciudad un cheque de 2.500 dólares para cubrir las multas junto a una nota donde venía a llamarles “cobardes”. Heemeyer vende el local a una empresa de basura pero les pide a cambio un año y medio para desocuparla.

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Marvin cree que tiene el tiempo suficiente para comenzar y terminar su nuevo proyecto. El fin: destruir por completo el pueblo que lo ha dejado sin nada.

Construyendo el buldócer de los Transformers

Imagen: interior de la excavadora. googlebordello

La máquina que había comprado para salvar su negocio sería el pilar sobre el que construiría su venganza. Se trataba de un buldócer o bulldozer modelo Komatsu D335A y lo primero que hizo fue trasladarlo hasta el negocio, lugar que pasó a ser un taller de modificaciones para la máquina. Primero comenzó con el blindaje, utilizando cemento intercalado entre hojas gruesas de acero (de hasta 30 cm) con las que protegería la cabina, el motor y la tracción de la máquina. Para la visibilidad de la excavadora instaló unas cámaras de vídeo en la parte delantera y trasera que irían conectadas a unos monitores en el interior de la cabina. Las cámaras en el exterior estaban protegidas de unas pantallas de plástico resistente a balas de hasta 76 mm.

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Alrededor del blindaje colocó varios puntos donde colocar las armas, todas alrededor del centro de control de la cabina: fusil de francotirador del calibre 50, semiautomática 308 o un rifle de largo alcance del calibre 22, todos ellos a su vez equipados bajo una placa de acero de media pulgada de espesor. También tuvo en cuenta un pequeño compartimento donde dejar víveres y agua junto a un tanque de aire comprimido para ayudar a proporcionar la circulación de aire.

Imagen: La máquina. AP

Fueron dos años y medio que como explicaría la investigación posterior a los hechos, Marvin documentó minuciosamente a través de notas y cintas de audio. Cada progresó o pensamiento sobre el plan quedó grabado. Cintas en las que se podía escuchar:

A causa de la ira, de la maldad y del odio… de no querer trabajar conmigo… voy a sacrificar mi vida, el desgraciado futuro que se me dio, para mostrar que lo que se hizo conmigo está mal.

Un año y medio en el que, mientras Marvin construía esta máquina de destrucción, los visitantes que pasaron por su tienda jamás se alarmaron de semejante vehículo de venganza. Llegados al 2004, Heemeyer ya estaba listo.

Imagen: Marvin es sus grabaciones sobre los avances de la máquina.

Ese mismo año a Marvin se le sumaron una serie de desgracias. Su padre fallecía en marzo y la que había sido su prometida hasta entonces le había engañado con otro hombre. Así, en la mañana del 4 de junio, Heemeyer envía por correo a su hermano las cintas de audio y documentos del plan trazado en ese año y medio.

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Regresa a su tienda, se sube a lo que un día fue un simple bulldozer (ahora de 30 toneladas) junto a una lista escrita a mano de objetivos. Cierra la escotilla y acciona el mecanismo que baja la placa de hormigón y acero en la parte de superior del vehículo. Marvin está sellado y sabe que nunca más volvería a abrirla.

La máquina contra el pueblo

Imagen: La policía intentando frenar la excavadora. AP

Eran las 03:00 pm cuando esa mole de acero comienza su andadura. Su primer objetivo estaba claro y muy cerca, la construcción de la planta de hormigón, el mal personificado para Marvin. El buldócer se empotra contra la planta destruyendo parte de su esqueleto, al poco tiempo llegan las primeras llamadas a la policía. Aparece en escena un miembro de la familia Docheff, Cody, quien se acerca a la mole y esta le recibe con una ráfaga de disparos, el hombre huye.

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La máquina cambia de rumbo. En pocos minutos otros dos edificios y múltiples vehículos son totalmente arrasados por la fuerza de la mole construida por Marvin. El buldócer pone rumbo al centro de la ciudad. Se acerca un coche de policía para intentar detenerlo. El coche acaba destrozado pero el policía sale con vida.

Imagen: El “paso” de la excavadora.

Aparece en escena el sheriff Glen Trainor, quien con mucho valor logra escalar a la cima del buldócer en movimiento y realiza 37 disparos con su pistola para tratar de penetrar en la coraza de acero. Un esfuerzo inútil porque la máquina sigue intacta.

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Trainor salta como puede de la máquina y esta llega al centro de la ciudad. La policía se percata que las balas son inútiles y que debían tratar con explosivos. Utilizan todo lo que tienen a mano, pero tampoco logran pararla. Las fuerzas del orden tratan de mantenerse a los lados mientras desalojan cualquier edificio o espacio en la trayectoria de la máquina. Se trata de la primera vez que usan el sentido inverso de las llamadas de emergencia, todos los residentes deben salir corriendo de sus casas. Llegan los helicópteros y la prensa. Las televisiones conectan en directo y los estadounidenses no dan crédito a lo que están viendo.

En un momento dado parece que el vehículo comienza a perder el control, gira de un modo extraño por las calles, lo que hace pensar que, o bien Marvin está herido, o bien el vehículo ha perdido el control. Aún así, Heemeyer todavía es capaz de buscar y golpear muchos de los objetivos específicos que tenía en la lista. Coches, negocios enteros, casas (incluida la del ex alcalde), el edificio del periódico que se había puesto en su contra, las empresas del ex concejal de la ciudad y por último, el ayuntamiento entero.

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La policía decide enfrentarse a la máquina con un equipo similar, una máquina de construcción que se sitúa frente a la excavadora. Dio igual, no era rival para la máquina de Heemeyer.

Imagen: Caos tras el paso de la excavadora. Getty

Tras una hora de enfrentamientos y caos absoluto el bulldozer había derribado 13 estructuras por completo, pero al mismo tiempo estaba seriamente dañado por los múltiples explosivos de la policía. Perdía potencia. Luego se caería el extremo delantero de la mole, el motor parecía que no daba para más…

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Fue el momento en el que aparecieron los SWAT, quienes rodearon la máquina y mantuvieron la guardia. Uno de los miembros alerta de lo que parece un disparo desde el interior del vehículo. La máquina no se movió de nuevo y tras más de dos horas de destrozos (y más de 7 millones de dólares en daños), la batalla termina.

La policía emplea explosivos para abrir el tanque. Nada. Tras más de 12 horas, un soplete y una grúa consiguen arrancar el blindaje superior y acceder a la cabina. En su interior se encontraba Heemeyer, muerto tras haberse pegado un tiro con una pistola. Fue la única víctima mortal de ese día de furia.

Imagen: El buldócer tras el final de Marvin. AP

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