-Señor Hammond, la cerca del D-Imperiosus ha perdido potencia y sus nietos están ahí fuera- La frase resulta muy rara, pero por poco llega a ser cierta. El dinosaurio que conquistó el cine gracias a Jurassic Park estuvo a punto de llamarse Dynamosaurus imperiosus. Se salvó por una página.

Tal día como hoy, pero hace 110 años, el paleontólogo Henry Fairfield Osborn publicaba un artículo en el que se describía una nueva especie de dinosaurio hallado en Montana. Fairfield bautizó el especimen como Tyrannosaurus rex. El artículo se publicó en el diario del Museo Americano de Historia Natural y aún se conserva hoy en día.

Boceto de mandíbula de Dynamosaurus imperiosus de 1905

Sin embargo, Fairfield no solo hablaba del T-Rex en su artículo. También mencionaba otro especimen hallado en Wyoming en 1900. Ese otro dinosaurio carnívoro recibió el nombre de Dynamosaurus imperiosus. Al final, y como reconoció el propio Fairfield, resulta que los dos hallazgos correspondían al mismo animal. En 1906, cuando el museo decidió poner orden en el asunto, optaron por la denominación Tyrannosaurus rex. ¿La razón? se mencionaba antes en el artículo. Concretamente aparecía una página antes.

Y eso no es todo. En 1982, el paleontólogo Edward Drinker Cope encontró dos vértebras de dinosaurio a las que bautizó como Manospondylus gigas. Drinker equivocó el género de los fósiles. En realidad, como Fairfield descubrió en 1917, eran también huesos de un T-Rex. Si no hubiera sido por ese error, quizá hubiéramos acabado viendo una película en la que un M-Gigas persigue a los incautos primeros visitantes de Parque Jurásico.

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