Soldados aliados afeitándose durante la Primera Guerra Mundial

Año 1915. En plena primera guerra mundial, el alto mando aliado se percató de que muchos soldados estadounidenses y británicos estaban contrayendo una infección cutánea provocada por el bacilo del ántrax. Por supuesto, lo primero que pensaron fue que el enemigo tenía una nueva arma.

Tras una rápida investigación, se descubrió que la enfermedad, que se cebaba en el cuello y la cara de los soldados, no tenía que ver con diabólicas tácticas del imperio austro-húngaro. El enemigo estaba en el bolsillo de los soldados, y eran las brochas de afeitar. Un interesante informe histórico recién publicado por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (el mítico CDC) repasa el caso en profundidad.

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Una guerra de trincheras no parece el mejor lugar para afeitarse, pero rasurarse la barba no era solo una cuestión de elegancia en la Primera Guerra Mundial. Era necesario para que las máscaras antigás quedaran bien fijadas al rostro.

Kit de afeitado de 1920. Foto: Razor Emporium

En aquella época, las brochas de afeitar se fabricaban con delicado pelo de tejón ruso. Lamentablemente, el conflicto interrumpió el suministro de este material, así que los fabricantes estadounidenses de brochas para el afeitado optaron por una alternativa más barata y más fácil de encontrar: pelo de caballo que traían de Rusia, China y Japón. El problema es que a nadie se le ocurrió esterilizar ese pelo antes de fabricar las brochas, y la bacteria del ántrax es muy habitual en el suelo de lugares con ganado.

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El resultado de esa imprudencia se saldó con 149 soldados estadounidenses, 28 británicos y 67 civiles infectados. Habrían sido muchos más si el gobierno estadounidense no se hubiera apresurado a obligar a los fabricantes de brochas de afeitar a esterilizar los pelos de animal antes de usarlos en sus productos. El ántrax cutáneo no es mortal, pero sí un auténtico contratiempo nada positivo para la moral de los solados. Hoy en día, todas las brochas de afeitar y material de higiene personal que usan pelo de animal se desinfectan concienzudamente. [CDC vía Atlas Obscura]