En 1838 Edgar Allan Poe escribía su única novela La narración de Arthur Gordon Pym, una apasionante historia violenta donde el autor nos acerca en un episodio al canibalismo. El azar quiso que 46 años después ocurriera uno de los crímenes más famosos de Inglaterra. Una espeluznante historia que ya predecía la novela.

El acontecimiento del que hablamos ocurriría un 5 de julio de 1884 tras el naufragio de un velero inglés. Ironías del destino, el fatal accidente desembocaría, igual que en el pasaje del libro, con la cruel muerte de una persona con el mismo nombre y las mismas circunstancias narradas en la novela.

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Por tanto debemos empezar por la novela, la única del genial autor con la que figuras como H.P. Lovecraft o Julio Verne mostraron siempre una gran fascinación. Un relato ficticio y apasionante del que Poe decía basarse en hechos reales.

Poe: el escritor con una única novela

Foto: Dmvphoto / Shutterstock

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A Edgar Allan Poe se le conoce principalmente por ser uno de los grandes escritores del relato corto, especialmente venerado por sus cuentos de terror, además de haber contribuido a varias obras de lo que por aquel entonces era un género nuevo, la ciencia ficción.

En el año 1838 aparecería la que a la postre sería su única novela, La narración de Arthur Gordon Pym. Estamos ante un relato por episodios, una aventura en el mar centrada en el protagonista que da nombre a la obra donde Poe tomaría como fuentes antiguas leyendas marineras (como la del Holandés errante). Una obra genial de la que el mismo Julio Verne retomaría escribiendo una secuela: La esfinge de los hielos.

Foto: ilustración de Albert Edward Sterner / Wikimedia Commons

La historia de la novela nos introduce en la figura del joven Pym, quién se embarca de forma clandestina en el barco ballenero Grampus. A partir de aquí la obra nos envuelve en varias historias donde el personaje debe salvar su vida, aunque nosotros nos vamos a detener y centrar en un momento y un episodio del relato. Una parte de la obra que comenzaría así:

Cuando todos nos habíamos tranquilizado, nos pusimos a mirar la nave que se alejaba, hasta que se perdió de vista. El tiempo empeoraba y soplaba un ligero viento. En el preciso momento en que el buque desapareció en el horizonte, Parker se volvió hacia mí con una expresión en la cara que me dio escalofríos. Tenía un aire de seguridad y entereza que nunca le había observado. Antes de que despegara los labios, yo tenía el pálpito de lo que iba a decirme. En una palabra, insinuó que uno de nosotros debía morir con el fin de salvar a los demás.

Y así, con esta cita, daba pie a una de las mayores polémicas del libro, el canibalismo. Y es que si por algo será recordada la obra es por su carácter surrealista en muchos pasajes, con una narrativa enigmática, violenta y cruda.

Foto: La narración de Arthur Gordon Pym / Wikimedia Commons

En un momento del relato y mientras Pym se esconde a bordo del barco, se forma un motín y como resultado la matanza de gran parte de la tripulación. Más tarde y tras una tormenta se produce un naufragio y tan sólo quedarían cuatro de los personajes, cuatro supervivientes que estarían varios días a la deriva sin provisiones ni alimentos. Uno de ellos, Richard Parker, sugeriría la opción que da pie a la cita, echar a suerte (dibujando unas pajitas) la muerte de uno de los cuatro para que los demás puedan comer y sobrevivir. Parker obtendría la paja más pequeña y moriría apuñalado. El más joven de los supervivientes serviría de comida en los siguientes cinco días.

Richard Parker, 46 años después

Foto: Dermot McBrierty / Shutterstock

Desde luego, estamos ante una de esas extrañas y espeluznantes coincidencias que se dan muy rara vez. Y es que, ironías del destino, años más tarde nacía “otro” Richard Parker. Así, 46 años después de que se publicara la novela de Poe, se produjo un evento que guarda más que terribles parecidos con lo ocurrido en el relato.

En mayo de 1884 cuatro hombres (el capitán Tom Dudley, Edmun Brooks, Edwin Stephens y el grumete Richard Parker) que viajaban en un velero mercante inglés cuya ruta era Inglaterra-Australia, sufren un naufragio a la altura del Cabo de Buena Esperanza y quedan a la deriva. Y es aquí donde comienzan las (terribles) coincidencias. Los cuatro se encontrarían luchando por sobrevivir a bordo de un bote salvavidas.

Durante los primeros días se alimentaron de lo que pudieron recuperar tras el naufragio, pasando luego, una vez agotados los víveres, a alimentarse de su propia orina. En este punto de la historia y dependiendo de la fuente existen dos versiones, aunque en ambas el desenlace es el mismo.

En la primera se explica que uno de ellos, el grumete Richard Parker (el real, no el ficticio) se niega a beber de su propia orina y opta en cambio por beber agua del mar. Parker sufriría algún tipo de intoxicación y posteriormente quedaría inconsciente, momento en el que sus compañeros de viaje, desesperados, casi desvanecidos por desnutrición, optan por matarlo para poder alimentarse.

La segunda de las versiones habla de la idea que ya rescataría Poe en su novela 46 años atrás. Echar a suerte quién debía morir para servir como alimento. Como podemos imaginar, le tocó a Parker, quién moría sirviendo de sustento para el resto.

Sea como fuere, la muerte de Parker sirvió para que los tres supervivientes aguantaran varios días hasta que fueron rescatados por un barco. Al llegar a Cornwall los tres fueron arrestados y posteriormente juzgados acusados de homicidio en uno de los más famosos casos de asesinato de la época en Inglaterra.

Imagen: el bote salvavidas de 1884 / Wikimedia Commons

Los tres hombres alegaron a la ley del mar, una tradición marinera que por aquel entonces servía de guía fuera de la ley ante determinados casos. Se trata de tradiciones por las que los marineros se han regido durante la historia de la navegación, reglas tales como que el capitán debe ser el último en abandonar el barco o que las mujeres y los niños deben ser los primeros en salir ante un naufragio. Lo curioso es que por esta época aún se incluía en esta “ley” la posible práctica de canibalismo por supervivencia si se diera el caso de que un grupo de náufragos queda a la deriva (Poe a su vez se había basado en lo ocurrido en Essex para su novela).

El caso tuvo especial relevancia porque fue el primero en el que se no se dio por válido el argumento. Recibirían condenas a muerte, aunque pasados seis meses fueron indultados debido a la presión de la opinión pública sobre las circunstancias tan particulares que habían vivido en el mar.

La figura alargada de Poe ha dado pie para que ambas coincidencias, enormes coincidencias (escenario, nombre del protagonista muerto o la espeluznante forma de morir y servir de alimento), hayan sido tratadas en el tiempo como parte del mito del escritor. La “magia negra” de Allan Poe por la que su única y enigmática novela acabó reflejando fielmente los acontecimientos 46 años después.

Imagen: Allan Poe. 2Stlz / Shutterstock

Foto portada: Géricault (La balsa de la medusa) / Wikimedia Commons

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