Foto: Warner Brothers

¡Abracadabra! Seguramente ya habrás oído antes esta expresión mística en boca de los magos cuando sacan conejos del sombrero. La pegadiza frase para espectáculos de magia no tiene su origen en un escenario. Resulta que es uno de los primeros “métodos” conocidos por el hombre para combatir la malaria.

La antigua Roma sufría de una auténtica plaga de Malaria. Muestras de ADN del parásito Plasmodium procedentes de yacimientos romanos del siglo 450 antes de Cristo prueban que la enfermedad jugó un papel en el declive del Imperio Romano. Sin embargo, la evidencia sugiere que los romanos no llegaron a asociar la enfermedad con las picaduras de mosquito. La propia palabra malaria proviene del italiano medieval “mal aire”. La mayor parte de los antiguos romanos creían que la malaria tenía un origen mágico, que era obra de demonios o malos espíritus. La enfermedad es la más mencionada en textos místicos de la antigua Grecia y Roma. La mitología romana hasta tenía una deidad para proteger a las personas de la malaria, la diosa Febris.

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Y así llegamos a Abracadabra. Su primera mención data de textos de un médico romano del siglo III, Quintus Serenus Sammonicus. En la única obra de Serenus que ha llegado a nuestros días: Liber Medicinalis, describe una cura para la malaria:

Inscribis chartae, quod dicitur Abracadabra:

Saepius et subter repetas, sed detrahe summae,

Et magis atque magis desint elementa figuris:

Singula quae semper rapies et coetera figes,

Donec in angustam redigatur litera conum.

His lino nexis collum redimire memento.

Las instrucciones del médico explican que aquellos que deseen prevenir la enfermedad deben escribir la palabra “abracadabra” en un pedazo de papel y repetirla a continuación eliminando la última letra en cada nueva línea hasta que solo quede una letra. El resultado es algo así:

Imagen: Wikipedia

Después, había que enrollar el papel, envolverlo en tela y llevarlo colgado del cuello como talismán durante nueve días, tras los cuales había que lanzarlo por encima del hombro a un río que discurriese hacia el este. Serenus explicaba que este método ofrecía protección contra la malaria y las fiebres derivadas de los terrenos pantanosos. Si el método no funcionaba, Serenus sugería untarse todo el cuerpo con grasa de león.

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Serenus era discípulo de Basílides, que a su vez era un entusiasta de la numerología. Se cree que fue el propio Basílides el que acuñó la palabra mágica. También fue el fundador de una secta cristiana que incorporaba a su mitología algunas de las enseñanzas de Pitágoras, un filósofo y matemático conocido precisamente por sus teoremas sobre triángulos.

La historia no es la única. Existe cierto debate sobre el origen de “abracadabra”. Algunas versiones sitúan su origen en la expresiones hebreas “Ab, ruach, dabar” (“Padre, Espíritu Santo, palabra”) o “Abrai seda brai” (“Fuera, espíritu maligno, fuera”). Abracadabra se convirtió en una especie de palabra talismán contra diversos males en el siglo XVII. En su libro Diario del año de la peste Daniel Defoe explicaba como algunos londinenses escribían la palabra sobre los dinteles de las puertas para mantener a raya la enfermedad.

La ciencia acabó por explicar que la malaria no se debe al trabajo de los malos espíritus. En 1898, los científicos probaron que la enfermedad se transmitía a los seres humanos por la picadura del mosquito Anopheles. La enfermedad sigue siendo una de las más mortales del mundo. En 2015, la malaria ha matado a medio millón de personas en el mundo. Aún no se ha encontrado una droga, vacuna ni insecticida cien por cien efectivo contra la enfermedad, y no falta quien cree que solo la ingeniería genética la erradicará.