Tor supone una de las medidas más seguras que existen cuando se trata de navegar de manera anónima por internet, pero no es perfecta. En 2015, el FBI llevó a cabo una operación para identificar pedófilos que utilizan dicha herramienta para ocultar los rastros de su actividad. El problema: la agencia se niega a explicar cómo lo consiguió.

El origen del hackeo radica en Playpen, una página relativamente clandestina dedicada a la pornografía infantil. Una vez el FBI consiguió acceso a los servidores en lugar de cerrarlos forzó a los ISP a compartir detalles relativos ala actividad de los usuarios en la página.

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Utilizando toda la información a su alcance y mediante una técnica de “investigación de red”, en términos oficiales del FBI, se consiguió identificar y arrestar a varios usuarios de Tor. Hay ya una orden judicial exigiendo a la agencia que revele cómo lo consiguió, pero esta se niega argumentando que “conocer el método en el que alguien forzó una puerta para acceder a una vivienda a robar no aporta ningún tipo de información sobre lo que una persona hizo después de entrar en la casa”.

Las reticencias del FBI son comprensibles, aunque sólo sea en parte: si explica sus métodos es más fácil que otros delincuentes encuentren maneras de sortearlos o de bloquearlos por completo.

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El caso recuerda en más de un sentido al reciente tira y afloja entre Apple y el FBI con el iPhone de San Bernardino. Aunque finalmente no ha sido necesaria la colaboración de la compañía, al menos en teoría, el FBI se está negando también a revelar cómo ha conseguido sobrepasar las medidas de seguridad de Cupertino. [US District Court of Western District of Washington vía The Register]


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