Imagen: Everett Historical / Shutterstock

En el verano de 1959 el señor Griffin sale del dermatólogo convencido de que su plan finalmente sería posible. La combinación de potentes medicamentos junto a largas sesiones de rayos uva lo convertirían en un hombre negro. Así daba comienzo una de las mayores odiseas que podía experimentar un periodista de investigación de la época. Su plan: recorrer la América profunda y abrir los ojos a la sociedad sobre la segregación racial.

La historia de John Howard Griffin ha dado para una película, film basado a su vez en un libro, el clásico de la literatura americana que parió el mismo Griffin tras ese road trip al infierno negro, Black like me. Una historia brillante que no deja de ser insólita e irónica por el propio personaje: se trata de la historia de un hombre ciego durante años que abrió los ojos a toda una nación.

Howard Griffin, el hombre blanco

Imagen: Griffin / Babelio

John Howard Griffin nació el 16 de junio de 1920 en Dallas (Texas). Hijo de John Walter Griffin y Lena May Young, el joven creció en el seno de una familia cristiana que como muchas otras de la época, veía a los negros como inferiores. Lena era una pianista de música clásica que le inculcó a su hijo la pasión por la música. Sus dotes musicales llevaron al joven Griffin con 15 años hasta Francia con una beca musical para estudiar lengua y literatura francesa en la Universidad de Poitiers y posteriormente medicina en la escuela de medicina.

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Allí descubrió que el mundo donde había vivido hasta entonces era muy diferente, al menos, a Francia. Sorprendido, podía ver como los estudiantes negros no sólo asistían a las clases con los alumnos blancos, también frecuentaban los mismos lugares públicos y cafés. Fue una época de revelación y un impacto ante lo que hasta ahora era “lo normal”. Como diría más tarde en sus escritos:

Hasta ese momento simplemente había aceptado las costumbres de mi región, costumbres que por ejemplo decían que los negros no podían comer en la misma habitación con nosotros. Jamás se me había ocurrido ponerlo en duda hasta ese momento.

En Francia acabó formándose como musicólogo especializado en cantos gregorianos. Luego llegaría la Segunda Guerra Mundial en 1939, momento en el Griffin amplía su enfoque sobre el mundo y decide alistarse con la resistencia francesa como médico y trabajando en el puerto de Saint-Nazaire, espacio donde ayudó a pasar de contrabando niños judíos de Austria a Inglaterra.

Imagen: Howard Griffin. G. Hocfell

En 1940 huye de Francia tras ser descubierto y perseguido por la Gestapo. Vuelve a Estados Unidos y se une al Cuerpo Aéreo del Ejército poco antes del ataque a Pearl Harbor. Allí sirvió durante 39 meses, tiempo donde acabó siendo condecorado por su valentía. Entre 1943 y 1944 es enviado a Nuni, una de las Islas Salomón, donde se le asigna el estudio de los indígenas y la cultura local. Poco más de un año donde sufre un ataque de malaria que lo dejó parapléjico temporalmente y donde conoce a una mujer de la isla con la que acaba casándose.

En 1945 llegaría uno de los momentos clave en su vida. Cerca del final de la guerra y durante un ataque aéreo, Griffin es alcanzado por la metralla y queda parcialmente ciego. Una experiencia que le cambia y le obliga a buscar nuevos retos y caminos en la vida. El hombre se convierte al catolicismo, deja a su mujer y se vuelve a su ciudad natal en Texas para dedicarse a dar conferencias sobre la historia de la música y los cantos gregorianos junto a la escritura de dos ensayos relacionados con sus experiencias durante la guerra.

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En Texas se vuelve a casar y a finales de los 40 escribe una serie de ensayos sobre la experiencia de la pérdida de la vista y su vida. En 1954 publica su primera novela, The Devil Rides Outside, una historia de misterio ambientada en un monasterio en la Francia de la posguerra, lugar donde un joven compositor estadounidense va a estudiar canto gregoriano.

En el 55 la situación médica de nuestro hombre empeora, sus piernas comienzan a paralizarse de la misma forma que lo hicieron cuando tuvo el ataque de malaria. En 1957 experimenta una mejora de la vista, momento donde comienza a estudiar y practicar la fotografía. Un año antes publicaba la novela Nuni (1956), una obra semi-autobiográfica donde narraba su experiencia en las Islas Salomón. Precisamente con esta obra experimenta ese interés por el desarrollo de la etnografía. Llegados a 1959 Griffin ya sabe cual es su destino, estaba convencido de que tenía que cerrar la brecha entre las razas y tenía un plan para ello.

Howard Griffin, el hombre negro

Imagen: Griffin antes y después del tratamiento.

En el verano de 1959 lo consulta con su esposa. Estaba decidido a investigar de primera mano la situación de los afroamericanos en el Sur de Estados Unidos, un lugar y una época donde la segregación racial era legal, los negros habían sido privados de sus derechos desde el cambio de siglo, oprimidos y alejados del sistema político mientras los blancos luchaban por mantener esa dominancia frente al cada vez más numeroso movimiento por los derechos civiles.

Así que con la ayuda de su esposa acude a un dermatólogo para consultarle sobre las posibilidades que tiene de convertirse en un hombre negro a través del oscurecimiento de la piel. El dermatólogo lleva a cabo un tratamiento a base de fármacos, rayos uva y cremas. A su vez Griffin se afeita la cabeza para ocultar su cabello lacio.

Imagen: Griffin en su viaje / Don Rutledge

Llegado el otoño el hombre está listo para comenzar esta aventura que no sabe como terminará. Él, un hombre blanco de nacimiento, había oscurecido su piel para viajar durante semanas como un hombre negro por Nueva Orleans y parte de Mississippi (junto a Carolina del Sur y Georgia).

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Así partió atravesando el sur, lo hizo acompañado por un fotógrafo que documentaba el viaje, trasladándose principalmente en autobús y autostop. Además, el proyecto estaba apoyado económicamente por la revista Sepia a cambio de los derechos y exclusividad de los artículos que Griffin pensaba escribir. Una serie que fue publicada bajo el título de Journey into Shame (viaje a la vergüenza) para finalmente publicar una versión ampliada del proyecto a través del libro Black like Me (1961).

En cualquier caso los escritos describían los problemas que un afroamericano encontraba a los niveles más básicos de la vida. La segregación le llegó a afectar en necesidades de primer orden como eran la propia alimentación, vivienda o baños.

Imagen: Griffin como limpiabotas / / Don Rutledge

Poco después de partir ya fue engullido por el racismo extremo. No podía entrar en la mayoría de los restaurantes, no podía beber agua de la misma fuente que los blancos, no podía ir al mismo baño que los blancos… en la mayoría de los espacios públicos existía un cartel donde se indicaba “solo para blancos”.

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Griffin pensó que si esto era solo el principio del viaje tenía que planificar el futuro que le esperaba. Su piel oscura también dio lugar a cambios significativos en la forma en que la gente blanca le trataba. No había grises, “o eran extremadamente educados conmigo o absolutamente llenos de odio”. Precisamente de estos últimos Griffin habla en numerosas ocasiones en su libro como “la mirada de odio de la sociedad”:

Te sientes perdido, con el corazón enfermo ante tal odio desenmascarado, no tanto por la amenaza, sino por la muestra de luz tan inhumana. Puedes ver una especie de locura en ellos…

Aquellos que eran extremadamente educados con Griffin eran los que a menudo les recogían cuando estaban haciendo dedo. Griffin albergaba ciertas dudas sobre los motivos, pensaba que quizá buscaban un encuentro sexual. Y es que de acuerdo a Griffin, en demasiadas ocasiones se encontró con conversaciones que derivaban en la vida sexual de los negros:

La mayoría de estas conversaciones giraban en torno a la curiosidad morbosa de saber sobre la vida sexual de los negros, de si era verdad que tenían… o de la imagen estereotipada de que los negros son unas inagotables máquinas sexuales…

... Un hombre blanco incluso llegó a razonar y tratar de justificarse por su deseo por las mujeres negras diciendo que muchos blancos hacían “el favor” para conseguir que sus hijos tuvieran algo de sangre blanca...

... Otro hombre, mientras trabajé de limpiabotas, fue muy amable conmigo. Al final del trabajó me preguntó si sabía donde habían prostitutas en la zona. Parecía claro que el hombre negro era una fuente potencial de transgresión sexual.

El viaje al infierno de Griffin no se limitó a los servicio esenciales de un ser humano o a los estereotipos ridículos, también experimentó los efectos económicos del racismo. Cuando llegó a Alabama intentó apuntarse a una entrevista de trabajo. Esta fue la respuesta del capataz (blanco):

Ahora mismo estamos despidiendo a tu gente de los mejores puestos de trabajo en este planta pero muy pronto tendremos una lista de aquellos trabajos que los blancos no quieran.

Imagen: Portada del libro Black Like Me

El viaje continuó como un deja vú, repitiéndose situaciones y experiencias que parecía que ya había vivido. Un odio de los sureños blancos por el hombre negro en todos los estratos sociales: desde el empleado de una tienda, hasta el vendedor de tickets o el conductor de un autobús.

Cuando acabó el viaje y antes de que fuera publicado el libro o los artículos, la historia comenzó a filtrarse. Cuando regresó a su ciudad natal en Dallas, Texas, recibió una paliza de un grupo de desconocidos y fue amenazado de muerte. Huyó con su familia a México, espacio donde estuvo nueve meses antes de volver al país y lugar desde el que escribió los artículos y el libro.

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El trabajo de Griffin fue un éxito tremendo (particularmente en el norte del país) que convirtió al hombre en toda una celebridad nacional. El libro fue un éxito de ventas y se publicó en 14 idiomas, se hizo una película (1964) bajo el mismo nombre e incluso se incluyó su trabajo en los planes de estudio de secundaria en el país.

Imagen: Poster original de la película Black Like Me

El New York Times lo catapultó con una reseña donde decía que era “un documento esencial de la vida norteamericana contemporánea”. Una descripción certera, aunque para muchos, sobre todo en el sur, el nombre de Griffin estaba escrito en rojo.

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Muchos sureños estaban indignados con Griffin y se la tenían jurada. Ocurrió a su vuelta al país. En 1964 y mientras estaba parado en una carretera de Mississippi con una rueda pinchada, un grupo del Ku Klux Klan lo abordó y le pegó una paliza con cadenas que lo tuvieron cinco meses al borde de la muerte.

Griffin pasó los últimos años de su vida dando conferencias y escribiendo sobre las relaciones raciales y la justicia social. El 9 de septiembre de 1980, a los 60 años de edad, John Howard Griffin fallecía debido a una insuficiencia cardíaca.

Cuentan en el prólogo del libro que John Lennon fue aquel que dijo que “vivir es fácil con los ojos cerrados”. Griffin fue la historia viviente que abrió los ojos a todo una nación.


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