Alexis St Martin y William Beaumont, inmortalizados por el pintor Dean Cornwell

Cuando contaba solo 20 años, Alexis St. Martin recibió un disparo accidental de mosquete en el estómago. La bala debería haberlo matado, pero no lo hizo. Le dejó con un agujero permanente por el que se podía ver su cavidad estomacal, una extraña ventana que le acompañó toda su vida.

Corría el año 1822, y un disparo a bocajarro en el estómago era una muerte segura. El médico que atendió a St Martin, el estadounidense William Beaumont, relataba que la comida que el joven trataba de ingerir sencillamente se salía por la herida. Tras 17 días debatiéndose entre la vida y la muerte, Alexis sobrevivió, pero lo hizo con una extraña condición que lo acompañaría toda la vida. Al cicatrizar, la pared del estómago se unió a la piel del abdomen, formando una fístula gástrica permanente. En otras palabras, su estómago tenía un agujero permanente al exterior.

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El doctor Beaumont vio en St Martin una oportunidad única para estudiar un proceso del que se sabía muy poco: la digestión. El buen doctor ofreció al joven un contrato como sirviente a cambio de que le dejara realizar experimentos a través de su orificio abdominal. Tampoco es que St. Martin pusiera muchas pegas al contrato. No llegó ni a leerlo porque era analfabeto.

Dibujo de St Martin mostrando el lugar donde tenía la fístula estomacal.

Durante 11 años, St Martin sirvió en la casa de Beaumont realizando diversas tareas domésticas mientras este depositaba todo tipo de alimentos en su estómago y después extraía muestras para analizarlas. Las investigaciones del médico a menudo provocaban molestias en su particular paciente.

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No se puede decir que Beaumont tuviera un proceder muy ético en su investigación, pero al adoptar a St. Martin también le salvó la vida ya que los servicios de atención médica de la época para una condición como la suya eran inexistentes.

St. Martin, al término de los experimentos

Finalmente, Beaumont terminó su investigación. El resultado fue un estudio titulado Experiments and Observations on the Gastric Juice, and the Physiology of Digestion que ayudó a entender muchos hechos desconocidos hasta entonces sobre el funcionamiento de nuestro estómago.

En aquel momento, el doctor y su paciente se separaron y St. Martin regresó a Quebec. Para entonces se había casado y llegó a tener seis hijos.

Beaumont falleció en 1853 después de caerse por unas escaleras heladas. Otros médicos trataron de convencer a St Martin para que accediese a nuevos experimentos, pero este se negó. Murió en 1880, y su supersticiosa familia dejó que el cuerpo se pudriera antes de enterrarlo para evitar que los médicos trataran de resucitarlo (varios galenos habían solicitado practicar una autopsia al cadáver). Desde entonces, está enterrado en el cementerio de Joliette, en Quebec. [vía Smithsonian]