Foto: Brennan Linsley / AP Images.

El huracán María ha dejado una verdadera devastación a su paso por el Caribe, incluyendo casi 20 muertos entre Dominica, Guadalupe y Puerto Rico. En el territorio estadounidense, sin embargo, hubo otro gran afectado: El observatorio de Arecibo, en el que se encuentra el segundo radiotelescopio más grande del mundo.

Días antes de la llegada de María a Puerto Rico, los responsables del observatorio comenzaron a prepararse para lo que sería el huracán más potente que ha tocado la isla en casi un siglo. El radiotelescopio, fundado en el año 1963, cuenta con un disco principal de 305 metros de diámetro y más de 50 metros de profundidad. No obstante, durante los últimos años había estado pasando por una crisis financiera por ser demasiado costoso de mantener.

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Esta crisis no ha hecho más que empeorar, debido a que el huracán destruyó por completo uno de sus discos y que muchos instrumentos sufrieron daños graves debido a la caída de escombros sobre los aparatos científicos. Además, una de las antenas se rompió por la mitad. Afortunadamente, el disco principal de más de 300 metros no resultó gravemente afectado, más allá de algunos daños que ocasionaron las ventiscas y la caída de escombros y plantas.

Después de más de un día sin poder comunicarse con el mundo exterior, el equipo de científicos e investigadores responsable del radiotelescopio contactaron con SRI International, una empresa que ha estado ayudando a mantener el observatorio, y notificaron de los daños. En las instalaciones todavía no hay energía eléctrica, pero los empleados que allí se encuentran cuentan con un generador, suficiente agua, comida y combustible para poder permanecer allí durante al menos una semana más.

Se desconocen las pérdidas que esto supone para el observatorio, o cuánto costará volverlo a poner en marcha.

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Es bastante probable que reconozcas el radiotelescopio a simple vista, dado que ha aparecido en películas como GoldenEye y Contact. En la vida real, ha estado involucrado en el estudio de las ondas gravitatorias y en misiones de búsqueda de vida extraterrestres. [vía The Washington Post / National Geographic]