Escáner del cerebro del paciente. The Lancet

Imagina tener una vida relativamente normal y saludable. Con un trabajo, una familia y buena condición física. Así vive un francés de 54 años de edad. Con una salvedad, el señor “x” es todo un misterio para la medicina. Un día descubrió que la mayor parte de su cerebro se había “perdido”.

Desde entonces, el estudio de este paciente le ha dado la vuelta a muchas ideas que teníamos. La primera y más importante: repensar lo que es, desde una perspectiva biológica, lo que nos hace conscientes.

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Lo cierto es que a pesar de décadas de investigación, nuestra comprensión de la conciencia, ser conscientes de la existencia de uno mismo, sigue siendo bastante ínfima. Muchos investigadores piensan que la fuente física de la conciencia se basa en el propio cerebro pero, de ser así, ¿cómo puede ser posible que alguien pierda la mayoría de sus neuronas y siga siendo consciente de sí mismo y de lo que le rodea?

El hombre que perdió el 90% de su cerebro

El sistema límbico en el cerebro. Wikimedia Commons

Descrito por primera vez en The Lancet en el año 2007, el caso del hombre que parece estar perdiendo la mayor parte de su cerebro ha sido todo un misterio desde hace 10 años. El paciente tenía 44 años en el momento en que salió el artículo, y aunque su identidad se mantuvo en secreto, los investigadores explicaron cómo había vivido la mayor parte de su vida sin darse cuenta de que algo estaba mal.

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Ocurrió un día y de forma casi casual, cuando acudió al médico aquejado de un pequeño dolor muy leve en su pierna izquierda. Los escáneres cerebrales revelaron que su cráneo estaba lleno de líquido, dejando únicamente una capa externa delgada de tejido cerebral real, con la parte interna de su cerebro prácticamente erosionada.

Tomografía mostrando acumulación del líquido cefalorraquídeo. Wikimedia Commons

Los médicos piensan que la mayoría de su cerebro se fue destruyendo lentamente en el transcurso de unos 30 años. ¿La razón? La acumulación de líquido en el cerebro, una condición conocida como hidrocefalia. Se la habían diagnosticado de pequeño y lo trataron con un stent (tubo diminuto que se coloca dentro de una estructura hueca en el cuerpo), pero se lo quitaron cuando tenía 14 años y, desde entonces, la mayoría de su cerebro parece haber seguido el proceso destructivo.

Sin embargo, a pesar del poco tejido cerebral que le quedaba, el hombre no estaba mentalmente discapacitado, de hecho, tenía un coeficiente intelectual de 75 y estaba trabajando como funcionario público. Además, estaba casado, tenía dos hijos y estaba relativamente sano.

La mínima expresión para la vida

Claustrum. Wikimedia Commons

Su estudio es un caso esencial a la hora de cuestionarnos lo que se necesita para sobrevivir, un estudio que también desafía nuestra comprensión de la conciencia.

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Hasta la llegada del paciente, la mayoría de los investigadores sugerían que la conciencia podría estar vinculada a varias regiones específicas del cerebro como el claustrum, una capa delgada de neuronas que se activan entre las principales regiones del cerebro o la corteza visual. Sin embargo, si esas hipótesis eran correctas, entonces el paciente francés no debería ser consciente, no con la mayoría de su cerebro dañado.

Según explica Axel Cleeremans, psicólogo cognitivo de la Universidad de Bruselas en Bélgica, la solución al enigma podría encontrarse en el aprendizaje de la conciencia una y otra vez, en vez de nacer con ella. De ser así, su ubicación podría ser flexible y aprendida en diferentes regiones cerebrales. Para Axel:

Representación de la conciencia en el S.XVII. Wikimedia Commons

Cualquier teoría de la conciencia tiene que ser capaz de explicar por qué una persona como este hombre, que está perdiendo el 90% de sus neuronas, todavía exhibe un comportamiento normal.

Creo que la conciencia es la teoría no conceptual del cerebro sobre sí misma, adquirida a través de la experiencia, es decir, aprender, interactuar consigo misma, con el mundo y con otras personas.

Cleeremans llama a su hipótesis la “tesis de la plasticidad radical”, y explicado de forma sencilla viene a decir que el cerebro adulto es más adaptable de lo que pensábamos anteriormente, y con ello es capaz de asumir nuevos roles en caso de lesión.

Según el investigador, a pesar de que el cerebro restante del paciente era(y es) pequeño, las neuronas que quedaron fueron capaces de generar una teoría sobre sí mismas, lo que significa que el hombre permaneció consciente de sus acciones.

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Es una hipótesis que en los últimos años ha ganado fuerza. Sea como fuere, la historia de este paciente sin el 90% de su cerebro es fascinante. Ya que desafía toda idea de que la conciencia surge sólo en una parte del cerebro.

Al parecer y mientras no se demuestre lo contrario, tan sólo necesitamos un 10% de nuestro cerebro para vivir normalmente. De llevar a cabo estudios con algunos ejemplos de nuestra especie, algo me dice que esa cifra bajaría de forma insólita. [BigThink, The Lancet, NCBI, Quarz]