Imagen: John Gomez / Shutterstock

En mayo de 1940 y mientras una patrulla alemana descansaba cerca de Richebourg (Francia) comienzan a escuchar una poderosa gaita. Una marcha cada vez más penetrante que anunciaba la irremediable e inminente batalla. Allí apareció de entre las sombras una hombre lanzando una granada contra los nazis, gritando y desenfundando su espada mientras corría como el diablo hacia el enemigo. Era John Malcolm Churchill, más conocido como Mad Jack. Y esto es sólo una anécdota en su historial bélico.

Cualquier oficial que entra en acción sin su espada está vestido de manera incorrecta. (Mad Jack)

Corriendo a la batalla armado con una espada, un arco y unas flechas era perfectamente normal si estuviéramos hablando de matar a unos orcos en la Tierra Media o incluso si nuestro protagonista se encuentra luchando en la Guerra de los Cien Años. Pero la fecha y tiempo donde transcurrieron las historias de Churchill fueron en la mismísima Segunda Guerra Mundial, donde semejante armamento medieval no acababa de encajar frente a la tecnología y armas de la época. Una espada frente a tanques y fusiles.

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Y lo curioso es que estamos ante una leyenda bélica, un soldado del ejército británico cuyas acrobacias semi-suicidas en batalla le confirieron un nombre místico. Sólo en el transcurso de la guerra el tipo sobrevivió a múltiples explosiones, se escapó de los prisioneros o capturó a más de 40 alemanes. Y todo esto con la única e inestimable ayuda de su inseparable espada y arco con flechas. Un tipo duro.

Churchill sin espada

Imagen: Mad Jack durante un torneo de arco. DailyMail

Churchill nació el 16 de septiembre de 1906 en el seno de una familia en Oxfordshire (Reino Unido). Cuatro años después se trasladan a vivir a Hong Kong porque a su padre (Alec Fleming Churchill) lo nombran Director de Obras Públicas. En 1917 regresan a Inglaterra.

John estudió en el King William’s College en la Isla de Man, graduándose posteriormente en la Royal Military College de Sandhurst en 1926. Nada más terminar sirvió en Birmania con el regimiento de Manchester, espacio donde estuvo 10 años, hasta 1936, momento en el que decide abandonar el ejército y empezar a trabajar como editor de un periódico en Nairobi (Kenia). Apasionado de las motos, fue una época donde nuestro protagonista también prueba como esporádico modelo masculino o incluso con un pequeño papel como extra en las películas A Yank at Oxford y The Thief of Bagdad, estas últimas gracias a su talento en el tiro con arco.

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No era un hobby más para Churchill. En 1938 queda en segundo lugar en una competición militar y un año más tarde, en 1938, Churchill representa a Gran Bretaña en el Campeonato Mundial de Tiro con Arco en Oslo.

Mad Jack

Imagen: Mad Jack (a la derecha con su espada) en un desembarco. Wikimedia Commons

Ocurre que era una época donde Europa se acercaba rápidamente a la Segunda Guerra Mundial, y aunque Churchill había dejado el ejército hacía más de 10 años, nuestro hombre tenía claro que la llegada de los nazis sólo podía paliarse con su presencia en la guerra. Así es como John vuelve a la acción después de que Hitler invade Polonia en septiembre de 1939.

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Lo hace como parte de la Fuerza Expedicionaria Británica en Francia. Allí, en mayo de 1940, Churchill comienza a convertirse en la leyenda de Mad Jack. Por ejemplo cuando Jack y su unidad, el regimiento de Manchester, preparan una emboscada a una patrulla alemana cerca de Pas-de-Calais. Mad Jack da la señal de ataque, pero lo hace lanzando una flecha desde gran distancia y matando al sargento de la patrulla alemana. Se convertía así en el único soldado británico conocido por haber derribado a un enemigo con un arco a lo largo de la Segunda Guerra Mundial. Años más tarde sería su hijo Malcolm quién contaría la escena según le explicó su padre:

Él y su escuadrón estaban esperando a los alemanes desde una torre. Cuando el enemigo se acercó mi padre dijo: “voy a disparar a ese primer alemán con una flecha”. Y eso fue exactamente lo que hizo.

En mayo de 1940 ya era el segundo mando de una compañía de infantería. Reconocido por aliados y enemigo, Jack marchaba a cada batalla con su fiel claymore (espada escocesa) junto a su inseparable arco con flechas (y una gaita). A pesar de que estas armas eran tremendamente anticuadas para la guerra en la que se encontraba, Churchill defendía su uso dando lugar a su mítica frase: “Cualquier oficial que entra en acción sin su espada…”.

Imagen: Mad Jack. Wikimedia Commons

Llegados a 1941, Mad Jack se ofrece voluntario para la denominada Operación Archery. Se trataba de un ataque el 27 de diciembre contra una guarnición alemana en Noruega en la que se llevó dos compañías durante la batalla. Durante la misma, él y sus hombres fueron los encargados de sacar a las patrullas alemanas de la isla Maaloy.

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La palabra épica en este caso se queda corta. La situación fue la siguiente. Un barco con Mad Jack se acerca a la costa. Nuestro protagonista se sitúa en la parte delantera y comienza a tocar su gaita con la melodía de The March of the Cameron Men. La embarcación se acerca y cuando ya están tocando la costa, Mad Jack deja la gaita, lanza una granada contra los alemanes, da un salto para pisar tierra y desenfunda su espada en alto para cargar contra los primeros alemanes por delante del resto de sus hombres. Me pregunto qué opinaría de esto Peter Freuchen.

Churchill recibiría la cruz militar por sus acciones en el desembarco de Maaloy. Tras esta batalla su hoja de heroicidades pasan a Italia, concretamente en Salerno. En julio de 1943, Mad Jack ya era un oficial al mando, también una figura mítica y toda una marca propia registrada; con su espada escocesa colgada a la cintura, un arco y flechas alrededor del cuello y su inseparable gaita bajo el brazo, todo un personaje.

Una noche en Italia, Churchill recibe la orden de capturar un puesto de observación alemán a las afueras de la localidad, concretamente en una zona de control que conduce a la playa de Salerno. Con la ayuda de un cabo se infiltra en la zona y se hace con el puesto. Primero saltando sobre dos centinelas alemanes, más tarde y según contarían sus soldados, por el propio miedo que infligía al enemigo. Ese día Mad Jack tomó a 42 prisioneros alemanes en la noche, y lo hizo únicamente valiéndose de su claymore. Por esta acción recibió la orden de servicio distinguido.

Imagen: Mad Jack Churchill. Wikimedia Commons

Un año después, el tipo más duro de la Segunda Guerra Mundial llega a Yugoslavia con sus comandos. En mayo de ese mismo año recibe la orden de atacar la isla de Vis, por aquel entonces conquistada por los alemanes. La operación involucraba tres ataques a la cima de una colina.

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Jack se lleva a un grupo hasta la colina y tan solo seis de ellos logran alcanzar el objetivo. Desde lo alto y en inferioridad numérica, este Chuck Norris del ejército británico podía divisar perfectamente cómo se acercaban los alemanes. Con tan solo un puñado de hombres vivos para la defensa, nuestro hombre hace lo único que un tipo sensato como él podría hacer, comienza a tocar la gaita en modo épico, en este caso el poema escocés Will Ye No Come Back Again. Jack siguió tocando hasta que fue golpeado y capturado por los soldados alemanes.

Churchill fue enviado inmediatamente al campo de concentración de Sachsenhausen después de un largo interrogatorio. Los alemanes creyeron que debido a su nombre John tenía algún tipo de parentesco con Winston Churchill, obviamente no era así, aunque en cualquier caso los nazis lo consideraron un prisionero “distinguido” por su rango.

Ocurre que estamos hablando de Mad Jack, un tipo que iba por la Segunda Guerra Mundial cargándose nazis a espadazos mientras tocaba una gaita, así que tras llegar al campo de concentración y a las pocas semanas, Jack consigue escapar junto a un compañero de la Royal Air Force arrastrándose bajo el alambre a través de un desagüe abandonado. Desde allí intentaron llegar hasta la costa del mar Báltico pero fueron encontrados y capturados otra vez cerca de la ciudad costera de Rostock, a muy pocos kilómetros del mar.

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Esta vez su destino sería un campo de concentración en Austria custodiado por tropas de las SS. Una noche de abril de 1945 y tras un fallo en el sistema de iluminación del campo austríaco, Churchill y varios de los presos logran huir. No saben hacia donde van pero tienen claro que simplemente deben avanzar. Fue una huida de ocho días que terminó cuando pudieron divisar un contingente de vehículos blindados del Ejército de Estados Unidos. A pesar de su aspecto desaliñado, nuestro protagonista logra convencerles de que se trataba realmente de un coronel británico.

Imagen: Mad Jack con su gaita. DailyMail

Había perdido un año de guerra atrapado en los campos de concentración alemanes, un año que acercaba sin remedio el fin de la guerra. Para una persona normal sería una gran noticia, pero para un personaje como Mad Jack suponía una decepción tremenda.

¿Qué hace? Se asigna a Birmania, donde la guerra contra Japón estaba en pleno apogeo, pero al llegar allí las bombas de Hiroshima y Nagasaki habían terminado prácticamente la guerra. De ahí otra de sus míticas frases, a su vez, un pequeño destello de la psique de Churchill donde muy posiblemente su locura no fue todo “diversión” ni digno de alabar:

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Si no fuera por esos malditos yanquis podríamos haber mantenido la guerra diez años más.

Aunque sus aventuras continuarían. Tras la “decepción” por Birmania nuestro hombre se viene arriba de nuevo formándose como paracaidista para más tarde ser enviado a Palestina como segundo al mando del Primer Batallón. Luego pasaría a ser instructor de vuelo en Australia, espacio en el tiempo donde desarrolló una nueva pasión por el surf.

Mad Jack se retiró del ejército en 1959 para volver a su ciudad natal en Surrey. Un Mad Jack ya maduro, probablemente más cerca de ese John Churchill de la juventud, se dedicó en Inglaterra a diseñar sus propias tablas de surf y a pasar los últimos 37 años de vida a formar una familia junto a su esposa e hijos.

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Churchill moría el 8 de marzo de 1996. Mientras, su flamante espada escocesa, su arco con flechas y su gaita, las guardó como monumento a una época y una vida tan épica como ciertamente excéntrica.


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