Sven Krieter es diseñador de cascos para los pilotos de Fórmula 1. Cada año, este alemán y su equipo (la afamada marca Schuberth) hacen unos 100 cascos para pilotos profesionales y 150 para la venta al gran público. Estos últimos cuestan 5.000 euros, pero no se trata de cascos cualquiera.

Desde su taller en Magdeburgo, Krieter fabrica el equipamiento que protege las cabezas de grandes pilotos de Formula 1 como Niko Rosberg. El alemán del equipo Mercedes lleva uno de estos cascos, y en la escudería se han interesado por el trabajo de Schuberth. Sus cascos son una curiosa combinación de alta tecnología y trabajo artesanal.

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Cada casco parte de una estructura de 19 capas de fibra de carbono comprimidas en un horno de presión al vacío denominado autoclave donde se endurecen a 200 grados celsius y seis bares de presión. Después se mecaniza el casco y se practican las aberturas, entre ellas los diez respiraderos diseñados para generar un flujo de 10 litros de aire a velocidades de hasta 100 kilómetros por hora alrededor de la cabeza del piloto.

El casco se aerografía antes de aplicar a mano el acolchado interior. Se compone de dos tipos de espuma que absorbe los golpes. Uno de ellos es una fórmula exclusiva del taller de Krieter que se mantiene secreta desde que fuera creada en el año 2000.

Hasta aquí llega la parte común a todos los cascos. Los pilotos de Formula 1 suelen personalizar el interior de sus cascos. La última capa de acolchado está diseñada siguiendo un modelo 3D de las facciones y cráneo del piloto. El visor también es a medida y con el grado de tintado que cada piloto quiere.

El resultado es un casco que no pesa más de 1.500 gramos, pero permite a los pilotos moverse con relativa comodidad a velocidades altísimas. En la web de Mercedes Benz y en los dos vídeos a continuación se detalla algo más de este fascinante proceso. [vía Mercedes-Benz]

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