Desde que el LHC volviese a estar operativo el pasado mes de mayo, los científicos han estado bastante ocupados desarrollando diversos experimentos (entre ellos colisionar protones a una energía histórica 13 TeV). El siguiente paso ha sido colisionar iones de plomo a casi el doble que cualquier otro experimento.

El pasado día 17 de noviembre se registraron las primeras colisiones de iones (átomos de plomo sin carga, sin electrones) en el CERN. De ese choque nace un estado de la materia primigenio, uno que existió apenas unas millonésimas de segundos después del Big Band, donde la temperatura alcanzaba los billones de grados.

Esa “sopa primordial”, como se le conoce informalmente, estaba compuesta por partículas elementales conocidas como quarks y gluones, en un medio muy caliente y muy denso. Los gluones (de glue, pegamento en inglés) son los que mantienen a los quarks bien unidos formando protones y neutrones que a su vez forman la materia.

A más energía en las colisiones, más volumen y más temperatura en el plasma de quarks y gluones, lo que nos permitirá conocer más sobre dichas partículas y cómo se compra ese estado concreto de la materia. Servirá de complemento a todos los experimentos realizados con protones durante este año. Por primera vez, el cuarto experimento del los que conduce el CERN, conocido como LHCb se une a analizar los resultados de dichas colisiones. LHCb permite identificar partículas de manera mucho más precisa que el resto. [vía CERN]

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