Imagen: Jesper Stechmann

El termino correcto para cuando un niño o adulto sufre un shock al entrar en el agua es síncope de hidrocución, no “corte de digestión”. No tiene nada que ver con ingerir alimentos y puede producirse sin comer, es más, puede producirse sin meterse en el agua. Esto es por lo que sucede.

Para empezar, lo de esperar un par de horas después de comer para darse un baño no tiene sentido por dos razones fundamentales: las digestiones pueden durar hasta cuatro horas no dos y, además, la causa de lo comúnmente conocido como “corte de digestión” no es ni el agua ni el estómago, sino un shock termodiferencial, el choque térmico que se produce cuando sometemos al organismo a un descenso brusco de temperatura.

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“La digestión se puede cortar, sí. Se para por un susto, algo como encontrarse una cucaracha en la lechuga, u otras escabrosas situaciones, pero nadie se muere por eso” explica a Gizmodo en Español Jesús Martínez Alvarez, pediatra: “Pueden ocurrir dos cosas: que siga la digestión donde se dejó o que se vomite y se acabó el problema”.

En cuanto a la hidrocución “esta sí podría ser grave. Y la comida puede ayudar, pero no es lo único, ni mucho menos. La hidrocución es básicamente un choque de temperaturas, si, de repente, con la piel más que caliente, nos tiramos al agua fría, nos puede dar un pasmo y perder el conocimiento”.

Imagen: Joe Pizzio.

A pesar de que las advertencias maternas se nieguen a claudicar con esta cuestión, se puede tener un síncope con el estómago vacío. También, aunque es menos frecuente, puede producirse sin necesidad de meterse en el agua, sino por ingerir helados, granizados o bebidas muy frías. Por ejemplo, beber una botella grande de agua helada cuando estás completamente sofocado de calor en un día de senderismo podría desencadenarlo aunque estés a kilómetros de cualquier mar o piscina.

Con todo, como podéis imaginar, las dos horas de reposo aprovechadas para tostarnos al sol mientras esperamos podrían ser incluso contraproducentes si luego nos metemos en el mar rápidamente. “El hacer guardar dos horas de digestión puede ser contraproducente si las aprovechamos para tomar el sol, jugar una partidita de tenis con los niños o achicharrarnos haciendo castillos de arena y luego nos tiramos al mar”.

Imagen: Frank McKenna

Lo que debe hacerse para evitar que nos de un síncope de hidrocución es tener la precaución de entrar poco a poco en el agua y así evitar que el cambio de temperatura en nuestra piel sea excesivamente brusco. “Hay que hacer las cosas con cabeza y sentido común. Lo primero es bajar la temperatura corporal, refrescar brazos, piernas, cuello y poco a poco todo el cuerpo, luego meternos en el agua”.

Si, aunque uno crea haberlo hecho despacio, se empieza a sentir mareo o vértigos, sensación de escalofrío, visión borrosa, dolor de cabeza o náuseas, lo recomendable es salir del agua, ponerse en una zona en la que no de el sol de lleno y taparse con la toalla para recuperar la temperatura lentamente.

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El síncope no debe ignorarse. No se va a ir solo y, de continuar, puede producir hasta pérdida de conocimiento, con el consiguiente riesgo de ahogamiento. También podría terminar por desencadenar una parada cardiorrespiratoria mortal, aunque no es normal que alguien sea capaz de ignorar los síntomas hasta llegar a ese extremo. Si las manifestaciones de hidrocución no desaparecen inmediatamente después de recuperar la temperatura debería pedirse ayuda y llamar a urgencias.