Fotografía promocional del ejército británico mostrando una voluntaria disparando el proyector Holman. Foto: Wikipedia

La Segunda Guerra Mundial vio nacer cientos de armas, algunas espantosas, otras sencillamente inútiles y otras fruto de la más absoluta necesidad. En este último grupo hay una que se sigue usando con fines lúdicos y que se gano los elogios del mismísimo Winston Churchill: el cañón de patatas.

Corría el año 1940. A medida que Gran Bretaña se adentraba en el abismo de la Segunda Guerra Mundial, los recursos para fabricar armas y munición comenzaron a derivarse en exclusiva hacia la maquinaria bélica. Eso puso en un grave brete a los barcos mercantes, que de repente se encontraron completamente desarmados frente a los ataques de la aviación alemana.

Advertisement

Para tratar de solventar el problema, el almirantazgo dejó el problema a cargo del Departamento de Desarrollo de Armas Variadas, conocido entre los soldados como “Wheezers and Dodgers”. Bajo este nombre digno de los Monty Pithon se escondía un auténtico laboratorio de armamento que ideaba todo tipo de proyectos, algunos, como el mortero Squid que disparaba cargas de profundidad, fueron ampliamente utilizados durante todo el conflicto.

Ejemplar de mortero Squid conservado en el museo naval de Devonport, en el Reino Unido. Foto: Wikipedia

Otros como, el Panjandrum, nunca pasaron de la fase de pruebas. El Panjandrum era una bomba autopropulsada para destruir fortificaciones. En esencia, era un cilindro con una carga explosiva de hasta 1.800 kilos sujeto a dos grandes ruedas llenas de cohetes para propulsarse. Si suena peligroso es porque lo era. Perdía el rumbo a la menor oportunidad.

Prueba de un Panjandrum a comienzos de la década de los 40. Foto: Wikipedia

Para solventar el problema de la indefensión de los buques de carga, los técnicos de Wheezers and Dodgers dieron con una idea genial. El invento se denominó Proyector Holman en honor a su fabricante, la compañía de compresores y martillos neumáticos Holman Brothers en Cambone, Cornualles.

Advertisement

El proyector Holman no era otra cosa que el precursor del cañón de patatas. Se trataba de un mortero neumático que aprovechaba el vapor a presión de las calderas de los barcos (los explosivos eran un recurso demasiado preciado) para disparar pequeños proyectiles.

La solución se aprovechaba de una debilidad de la Luftwaffe. Para poder hundir los barcos, con los torpedos de los Heinkel He 111 o las bombas de los Focke-Wulf FW 200, los pilotos tenían que bajar mucho y acercarse al barco. Eso lo ponía al alcance del mortero pneumático de Holman.

Un Heinkel He-111 alemán armado con torpedos. Foto: World War Photos

El problema del proyector Holman era que los técnicos no habían desarrollado munición específica para el arma. Durante la primera prueba del mortero, a la que asistió Winston Churchill, los ingenieros solventaron el problema disparando botellas de cerveza para deleite del presidente del gobierno, que los felicitó por su invento.

En alta mar la cosa no era tan fácil. El único proyectil que los marinos tenían en abundancia eran granadas de mano. Eso obligaba a activar la granada, meterla en el tubo y operar a toda prisa con la esperanza de que explotase cerca del avión atacante y la onda expansiva lo derribase. Pese a todo, el proyector Holman era fácil de instalar y operar, y más de un barco se salvó de los torpedos alemanes gracias a este arma improvisada. En total se fabricaron 4.500 de estos morteros por aire comprimido o vapor.

Cuando no era necesario lanzar granadas con él, los marineros se divertían disparando patatas y otros objetos contra otras embarcaciones cuando pasaban por zonas cercanas a la costa.

Terminada la guerra, la tecnología de cañones neumáticos se convirtió en un proyecto de bricolaje para amantes de las armas caseras. Sin embargo, tienen un notable descendiente con uso mucho más oficial: los cañones que se usan para disparar camisetas en algunos eventos deportivos. El cañón de patatas vivirá para siempre en YouTube. [vía Popular Mechanics]