El segundo episodio de la quinta temporada de Juego de Tronos estuvo protagonizado por dos reencuentros muy esperados, que marcan el camino para la evolución de estos personaje y sus historias. Una niña y un asesino misterioso, una madre y su hijo dragón. Valar Morghulis, señores.

A continuación analizaremos el segundo episodio de la quinta temporada, te recomendamos estar al día con Juego de Tronos antes de leer para evitar spoilers. Y aquí solo hablamos de la serie, no de los libros.

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Es increíble la forma en la que esta serie desarrolla la historia de tantos personajes y en ningún momento perdemos el hilo. En este nuevo episodio, de nuevo, nos han llevado a ese imponente muro de hielo, a Desembarco del Rey, a Braavos y, ¡al fin!, a Dorne, la tierra de los Martell y las serpientes de arena... que aún no hemos conocido.

Muchas escenas y acontecimientos destacaron en este segundo episodio de la quinta temporada de Juego de Tronos, pero ninguno más que dos en específido, y el primero de ellos lo puedo resumir con dos palabras: Valar Morghulis.

Por fin, Arya Stark y Jaqen H’ghar se han reencontrado desde que este hombre, que por alguna razón que no termino de entender se refiere a sí mismo como “un hombre”, y ella conocieran en la segunda temporada. Jaqen ( quien asegura que no es Jaqen sino que un hombre no es nadie, lo que sea que eso signifique) cambió la vida de Arya, luego de que se encontraran en Harrenhal, ambos atrapados por el ya fallecido Tywin Lannister. Arya liberó a Jaqen y por ello él le prometió matar a tres personas, y ahora la joven Stark pareciera que quiere ser como él.

Nadie ha sorprendido e impactado más en la vida de Arya que dos hombres que conoció por muy poco tiempo, y que ambos provienen de Braavos. Jaqen H’ghar es uno de ellos ( ¿o un hombre?), y el otro es Syrio Forel, su maestro de espadas, o como le gustaba llamarlo, su maestro de “danzas”.

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Aunque Arya siempre demostró ser bastante rebelde y de carácter fuerte, ha cambiado muchísimo desde sus días en Invernalia. Ahora, es una chica decidida, fría, calculadora, cuyo único dios es “la muerte” (como aseguró en la cuarta temporada) y está obsesionada por vengar a su familia de la mejor forma que conoce, a través del acero. Porque quien a hierro mata, a hierro muere. ¿No?

Jaqen le dice que para ella ser como él, tiene que dejar de ser Arya, tiene que ser nadie, una sombra, olvidada pero siempre temida, así como todos huían ante la presencia de Jaqen/un hombre/nadie en este segundo episodio. Me fascina la idea de la unión de estos dos, y de cómo este (un) hombre misterioso podría influir en la vida de Arya, aún más de lo que lo ha hecho. Quizás pronto, en lugar de recordar esos nombres que tanto desea eliminar de la faz de la tierra, lo haga, cambiando su rostros como Jaqen, ¿y por qué no?, llamándose “una mujer”.

El segundo momento más importante del episodio fue el nombramiento de Jon Snow como nuevo Señor Comandante de la Guardia de la Noche. La verdad, no esperaba que sucediera esto, y aunque me alegra por el bastardo de los Stark, parcialmente lo considero un movimiento innecesario, cliché, el típico “sí, puede que llegó hace dos días pero como tuvo tanto valor en una pelea vamos a olvidarnos de los viejos que tienen toda la vida con nosotros y hagamos al chico el nuevo jefe”.

Quizás estoy errado, quizás Ser Alliser era un viejo más del montón y la Guardia de la Noche justamente necesitaba a alguien como Jon Snow. Joven, valiente, que no odiara a los “Salvajes”, que se diera su lugar, con moral... y que no supiera nada.

Sea como sea, todas las escenas de Snow en lo que va de temporada han sido geniales. Su dinámica con dos personajes tan imponentes como Mance Rayder y Stannis Baratheon, quienes por alguna razón lo han respetado desde el momento que lo conocen, ha generado momentos épicos, conversaciones sin temor, a Jon no le importa quién es Rey, no les tiene miedo, solo le importa que el invierno se acerca (¿o ya llegó?) y los problemas políticos no van a detener a esa horda de extraños zombies-blancos-congelados que viene en camino al muro.

Que por cierto, ¿cuándo irán a aparecer?

Este episodio estuvo protagonizado por dos Stark: la jocen chica Stark, y el bastardo. Sansa también apareció, y en simplemente una escena pudimos ver cómo ha cambiado esta chica, que ahora es una mujer, no una niña, y su palabra vale. Tiene tanto valor como su madre, y sabe mantener su postura. Esto es genial, y da nostalgia recordar a a la gran Catelyn.

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Finalmente, la segunda reunión: el momento en el que Daenerys se reencontró con Drogon, su malhumorado hijo favorito dragón, fue épico. La Khaleesi no ha vivido un par de temporadas muy emocionantes. De hecho, su llegada a Mereen y todo el asunto con los esclavos diciéndole “madre” y su “ que si me gusta-que no me gusta” Daario Naharis, ha hecho que la historia de la única Targaryen haya pasado completamente a segundo plano, en comparación a los emocionantes acontecimientos en Westeros.

Pero ahora, vemos a una Daenerys que es todo menos omnipotente. Ya no controla sus dragones, ahora sus esclavos la ven malvada, decapitando a sus hermanos, ya no la llaman madre, ahora le hacen sonidos extraños como si fueran serpientes ( esto no termino de entenderlo) Dany tendrá que trabajar mucho para ganar el control de Mereen de nuevo, porque sino puede con este pueblo, mucho menos podrá con los siete reinos. Menos ahora que conoce la verdad sobre su padre.

Esta temporada se torna cada vez más emocionante, solo espero que más pronto que tarde nos lleven de verdad un buen rato a Dorne para conocer más sobre los Martell, no como este episodio. Ah, y también que Tyrion y Varys hagan algo más que beber y tener charlas largas que, aunque son bastante divertidas, son relleno que no aportan nada.

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