Todos hemos oído hablar de los lemmings, ¿verdad? Esos encantadores ratoncillos del ártico que cada año emprenden una inexplicable migración suicida para arrojarse al mar por centenares. El único problema es que ese suicidio masivo no es cierto. Se lo sacó de la manga Disney para un documental de vida salvaje, y es una leyenda urbana que ha acompañado a estos roedores desde entonces.

Los lemmings o leminos son unos roedores que habitan las regiones cercanas al ártico en las tundras de países como Noruega, Alaska o Siberia. Uno de los grandes misterios de los leminos es su extraño ciclo reproductivo. Como otras especies de roedores, los lemmings expanden sus poblaciones cada pocos años, solo que en el caso de estos ratoncitos árticos, el crecimiento es espectacular. Cada pocos años, la población de lemmings se reproduce sin control hasta multiplicar por diez el número de individuos de una zona.

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Estas expansiones ocurren siempre en invierno, y se conocen como estallidos o epidemias de lemmings porque se puede ver a manadas de centenares de estos animales moviéndose de una región a otra en busca de alimento. Al poco tiempo, la población de la zona desciende de forma dramática, y el ciclo vuelve a empezar.

El origen del mito

Lo raro de este ciclo vital ha inspirado multitud de leyendas en torno a los lemmings. Algunas tribus de las regiones árticas creen que estos animales caen repentinamente del cielo y que tienen poderes mágicos. Otro mito muy popular es que, durante estas expansiones súbitas, los lemmings enloquecen por la falta de comida y se arrojan al mar en una especie de sacrificio vikingo para autorregular su población.

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Este mito fue solo eso durante muchos años hasta que Disney rodó, en 1958, un documental sobre la vida ártica titulado White Wilderness, y decidió que las leyendas eran un dato tan bueno como cualquier otro. El documental muestra diferentes escenas de la vida en el ártico, entre ellas una de un supuesto suicidio de lemmings. White Wilderness ganó el Oscar al mejor documental, y un León de Oro en el Festival de cine Berlín de 1959.

El asunto es que, en 1982, la revista The Fifht State publicó un artículo escrito por el productor de la Canadian Broadcasting Corporation, Brian Vallee, en el que se aseguraba que los realizadores del documental, James Algar y James R. Simon, habían matado a decenas de lemmings para poder rodar esa escena. Para empezar, según Vallee, White Wilderness fue rodado en Alberta, Canadá, donde ni siquiera hay lemmings.

Para rodar la escena en la que los lemmings "se suicidan" Simon y su equipo compraron unas decenas de leminos en la cercana Manitoba. Los animales fueron puestos sobre una plataforma cubierta de nieve para poder rodar su supuesta carrera hacia el abismo. Después, los realizadores espantaron a los lemmings para poder filmar su supuesta caída al mar. En realidad tuvo que ser algún lago, porque Alberta no tiene salida al mar.

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Aunque este maltrato de Disney a los lemmings nunca ha podido ser demostrado con pruebas, hay muchos indicios que apuntan a que es cierto. En aquellos años, los realizadores de documentales no eran naturalistas, sino gente del mundo del espectáculo con pocos escrúpulos. Por otra parte, no existía la misma conciencia ecológica que hay ahora ni las estrictas leyes que rigen estas producciones hoy en día.

Los lemmings no se suicidan

La voz en off que narra White Wilderness en ningún momento menciona de forma explícita que los lemmings se estén suicidando, pero lo asume de forma implícita. El documental ha servido para mantener la leyenda urbana durante décadas, apoyado por otros mitos de la cultura popular como el videojuego Lemmings creado en 1991 por DMA Design (La actual Rockstar North). Aunque el videojuego no mostraba animales reales, si que daba nuevo aliento al mito con el comportamiento suicida de los personajillos protagonistas. ¿Cuál es, entonces, la realidad del comportamiento de los lemmings?

Un zorro ártico jugando con los restos de un lemming que acaba de cazar. Foto: Sergey Gorshkov.

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El biólogo Thomas McDonough descarta completamente la teoría del suicidio. Aunque no se conocen exactamente las causas que llevan a los lemmings a reproducirse sin control, sí que se conocen sus consecuencias. Durante estos estallidos de lemmings, los roedores realizan migraciones masivas en busca de zonas con más comida. En estos viajes no es raro que algunos ejemplares se ahoguen intentando cruzar ríos, o encuentren la muerte cayendo por algún terreno escarpado.

El zoologo Gordon Jarrell, experto en pequeños mamíferos de la Universidad de Alaska Fairbanks explica que las migraciones de estos mamíferos son muy lineales. Cuando llegan a una masa de agua no la rodean, sino que intentan cruzarla, y muchos se ahogan o mueren de frío. Su denso pelaje los protege pero, como apunta Jarrell, "Si llegan a empaparse completamente, están muertos".

Por supuesto los depredadores naturales (y tienen muchos) hacen su parte dándose un festín durante estos estallidos. Finalmente, los propios lemmings pueden llegar a matar camadas de otros para asegurar la supervivencia de las suyas propias.

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Lo único que se ha podido confirmar hasta ahora, es que los estallidos de lemmings se producen durante inviernos particularmente fríos, y que el progresivo calentamiento de algunas zonas árticas está reduciendo la frecuencia de estos aumentos poblacionales. Aún está por ver como afectará este factor climatológico al futuro de la especie. [Departamento de caza y pesca de Alaska, New Internationalist Magazine y Snopes]