Imágenes: Claire Lower

La pechuga de pollo no es una comida muy emocionante, pero es una proteína versátil con la imagen de ser bastante saludable, por lo que la gente tiende a comprarla y cocinarla mucho. Desafortunadamente, su forma de lágrima hace que sea difícil de cocinar bien, y puedes acabar con una carne que si bien es jugosa, no tiene sabor en un extremo y está seca y carbonizada en el otro.

Pero no tienes por qué resignarte. Todo lo que necesitas es demostrarle a esa pechuga con quién se ha metido dándole unos cuantos golpes. Aporrear una pechuga de pollo es bastante fácil, y tiene muchas ventajas. Un trozo con un grosor uniforme se va a cocinar mucho más uniformemente, y si es más delgado se va a cocinar mucho más rápidamente. También estás ablandando mecánicamente la carne, como un pájaro mamá que mastica la comida de su pájaro bebé, solo que de manera mucho menos asquerosa. Esto significa que vas a conseguir un pollo más jugoso y más sabroso que llegará antes a la mesa: el mejor de todos los resultados posibles. (Además, un pollo más plano hace mejores sándwiches de pollo, y los sándwiches de pollo son muy importantes).

En serio, ¿quién tiene tiempo para esto?

Para aplanar una pechuga de pollo, todo lo que tienes que hacer es envolverla y golpearla. Mucha gente usa papel film, pero yo prefiero una bolsa para congelar.

No solo porque el material más grueso es menos propensos a romperse, también porque una vez que terminas de golpearla puedes dejar la pechuga en la bolsa y meterle cualquier condimento o marinado que estuvieras planeando usar. (Así tampoco tienes que lidiar con el papel film, lo cual es una gran ventaja.)

Una vez que el pollo está acurrucado en su bolsa, ya está todo listo para empezar a dar mamporros. Busca un objeto pesado y contundente (yo uso un cucharón de sopa de metal, pero una sartén o una olla pueden funcionar igual de bien) y golpea, desde la parte más gruesa de la pechuga hacia el exterior.

Tómate tu tiempo y comprueba el estado del pollo cada pocos golpes, ya que demasiado entusiasmo en el extremo puede hacer que la carne se desgarre. Una vez tengas todo igualado y con el espesor deseado (dos centímetros está bien) ya estás listo para añadir las especias o el marinado y cocinar el pollo como quieras. Cualquier adobo o marinado penetrará ahora en todos los sectores de la carne de manera repartida, dando como resultado una comida mas sabrosa desde el principio hasta el final.

Además de cocinarse más uniformemente y adquirir sabores de una manera uniforme, las pechugas de pollo aplanadas también son la mejor opción para todo tipo de platos clásicos. Una vez que domines el arte de golpear, puedes adentrarte en el mundo del pollo piccata, Marsala y cordon bleu.

Pero no lo adornes demasiado. Yo normalmente solo añado una pequeña cantidad de sal y pimienta, luego lo frío unos minutos a cada lado con un poco de mantequilla y los sirvo con vegetales asados. Así tienes una cena más sabrosa, menos seca y que no te tomará ningún tiempo en absoluto.