Según su estructura, en el Sistema Solar podemos distinguir entre planetas telúricos (o terrestres), y planetas jovianos. En el primer grupo entran Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. En el segundo aquellos planetas que, irónicamente nunca podremos pisar: Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

Aparte de tener unas dimensiones muchísimo más grandes, como puede apreciarse en la imagen superior, los planetas jovianos están compuestos por gas. Básicamente la mayoría de su inmensa estructura es una macroatmósfera gaseosa con varias capas.

Pero como casi cualquier estudiante de primaria sabe, los gases tienden a ocupar el espacio que los contiene así que la lógica tiende a decirnos que un planeta gaseoso no debería existir porque tendrían una forma poco definida, mucho menos esférica, y además dichos gases se expandirían por el espacio exterior.

Aunque no conocemos con certeza qué es exactamente lo que hay en el interior de los planetas gigantes gaseosos, la teoría más aceptada indica que tienen un núcleo sólido compuesto de roca o hielo y que es además el origen de la gravedad del planeta. La cuestión es, sin embargo, que al estar compuesto principalmente por gas nunca vamos a poder "aterrizar" propiamente dicho sobre su superficie. Ni siquiera ir muy hacia dentro en su atmósfera porque la presión comienza a aumentar drásticamente al tiempo que lo hace la temperatura.

Como Júpiter no tiene superficie, la base de su atmósfera se considera cuando la presión es de 10 bares (10 veces la presión de la atmósfera en la Tierra a nivel del mar). Ocurre lo mismo para el resto de planetas gaseosos, como Saturno, Neptuno y Urano. Cuando algún día consigamos hacer llegar una sonda hasta ese punto (más allá de lo que han ido otras como Cassini o la Voyager 1) lo más probable es que dejemos caer una cápsula, convenientemente protegida con la radiación y la temperatura que irá enviando señales hasta que el gigante gaseoso la engulla. A medio camino, y por la presión, es muy probable que se encontrase una gran placa de hidrógeno metálico.

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En lo más profundo de Júpiter se calcula la presión es de 2 millones de bares y la temperatura de 5000 Kelvin, relativamente cercana a la temperatura que hay en la superficie del Sol. En una de esas tristes ironías que siempre tiene la exploración espacial, es posible que alguna vez descifremos los misterios que oculta el interior de Júpiter pero nunca, nunca, pondremos pie en una superficie que no tiene.

Imágenes: NASA, Wikimedia Commons.

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