Estás paseando a tu perro y te cruzas con otra persona que está paseando a su perro. Inmediatamente, tu mascota se entusiasma y quiere ir a saludar a su congénere. Dejarle parece lo normal, pero hay momentos en los que no es lo mejor que puedes hacer por él o por el otro perro.

El entrenador de perros David Tirpak explica que los encuentros entre perros cuando ambos van con correa “causan un estado de sobreexcitación reactiva y ponen a los animales en una situación increíblemente incómoda”.

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Esta incomodidad solo aplica al momento en el que están sujetos con la correa. Cuando los perros interactúan libremente en el espacio pueden retroceder o retirarse libremente si el otro perro al que acaban de conocer no es de su agrado. Cada animal es diferente, pero estos son algunos de los problemas que pueden surgir:

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Los encuentros estresan a tu perro: los perros a menudo aprenden muy rápido que ladrar, gruñir o embestir hacen que las personas extrañas se retiren. Obligar a los perros a saludar a otros con la correa puesta puede hacer que se vuelvan reactivos a la correa (perros que reaccionan de manera agresiva cuando van atados).

Los encuentros enseñan a tu perro a ser excitable: incluso aunque los encuentros con corre no estresen a tu perro y este solo esté contento de conocer a otro, obligarle a saludar a otros perros puede convertirle en un animal sobreexcitable. Tirpak escribe: “Permitir que tu perro salude a todos y cada uno de los perros que ve cuando va con correa equivale a enseñarle que hay que excitarse mucho cada vez que vea a otro perro”.

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Por último, hay un detalle adicional de seguridad. Incluso aunque tu perro tenga unos modales perfectos y sea tranquilo, siempre cabe la posibilidad de que el otro sea nervioso y agresivo por mucho que su dueño diga aquello de “no te preocupes, no muerde”. Yo misma tuve un perro de ese tipo. No era malo, pero se ponía muy nervioso cuando encontraba otros perros y, creeme, no quieres tener esta conversación:

Yo: Por favor, llama a tu perro. El mío no quiere saludar

La otra persona: ¡Oh! No te preocupes. No muerde

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Yo: Ya, pero el mío quizá sí. Por favor...

(La otra persona se embarca en un sermón sobre la necesidad de dejar que los perros socialicen entre ellos)

Mi perro: Grrrrrrrrrrr......

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La otra persona: ¡Oh, mierda!

Mi perro solo gruñe. Nunca ha llegado a morder a nadie, pero no puedo prometer que no lo haga algún día si se pone muy nervioso. Se amable con tu perro y con los perros de otras personas y no le obligues a acercarse a todos los demás perros que encuentran. Hay tiempo de sobra para que se acerquen a los que ellos quieran cuando están sueltos. [vía David Tirpak]