Existe una famosa leyenda urbana que dice que el gobierno de Estados Unidos gastó un millón de dólares en diseñar un bolígrafo que fuera capaz de escribir en gravedad cero mientras que los rusos, más avispados, utilizaban lápices en el espacio. Esta es la verdadera historia detrás de ese mito popular.

En realidad, el Space Pen se desarrolló en el seno de una compañía privada que lo vendió a la NASA por una módica cantidad de dinero como parte de una campaña de marketing. En la agencia espacial rusa, por cierto, también lo usaban.

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El origen real de la leyenda urbana sobre el bolígrafo del millón de dólares nace de otro accesorio de escritura muy caro. Las primeras misiones Apollo se vieron empañadas por un escándalo cuando la opinión pública descubrió que los astronautas estadounidenses estaban utilizando lápices de 128,89 dólares. Resulta que, aparentemente, la NASA se había gastado 4.382 dólares en 34 simples lápices. El Congreso estaba tan enfadado que ordenó una investigación y pidió a la agencia explicaciones.

Un representante de la NASA (probablemente el pobre diablo que sacó la pajita más corta ese día) tuvo que explicar que los lápices estaban confeccionados en fibras especiales pero que el precio al que se compraban era de solo 1,75 dólares. El sobreprecio extra venía de una serie de adaptaciones que la NASA tenía que hacer para que el lápiz pudiese ser utilizado dentro de una nave espacial y por alguien llevando un traje de astronauta.

Los lápices se consideran una terrible elección para una misión espacial. Su punta puede romperse y generar residuos flotantes que acaben dañando instrumental o los ojos de los astronautas. Incluso aunque se utilizara grafito más duro, hace falta afilarlos y están hechos de material que puede arder con facilidad. Un bolígrafo era una elección mucho más lógica, pero después del escándalo de los lápices, la NASA no se atrevía a volver a meter el dedo en la llaga y gastarse un dineral en un nuevo accesorio de escritura.

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Por fortuna para la agencia, un empresario llamado Paul Fisher había gastado ya un millón de sus propios dólares en investigar un bolígrafo que pudiera usarse en el espacio. El Space Pen de Fisher era un avance significativo sobre los bolígrafos convencionales. En la época, era muy raro encontrar bolígrafos cuyo depósito de tinta estuviera sellado. La razón es que, si sellas el cartucho de tinta esta, al intentar bajar, crea un vacío en la parte superior que hace que, eventualmente, la tinta deje de correr.

Fisher desarrolló un tipo de cartucho presurizado con nitrógeno. El nitrógeno generaba unas cuarenta libras de presión que empujaban la tinta hacia abajo y hacían que el Space Pen no se quedara seco y que escribiera en gravedad cero. ¿El problema? Era demasiada presión y la tinta se salía. Fisher tuvo que idear un fluido tixotrópico. Aunque no existe una definición universal, un ejemplo de fluido tixotrópico es el ketchup. Das la vuelta a la botella y no se mueve, pero lo agitas y el movimiento lo hace caer poco a poco. Fisher creó una tinta en gel similar al ketchup. Cuando la bola de la punta del bolígrafo se movía, la tinta fluía. Cuando el bolígrafo permanecía quieto, la tinta dejaba de fluir, incluso pese a la presión ejercida por el nitrógeno.

Fisher ofreció el Space Pen a la NASA a un precio de solo 1,98 dólares por unidad, y pronto se hizo un hueco en las misiones espaciales, que era justo lo que este avispado empresario quería. El Space Pen se sigue vendiendo, aunque no es ni mucho menos el único que se vende y anuncia con esas mismas propiedades. El bolígrafo se hizo tan popular que los rusos se fijaron en su diseño y también lo llevaron a sus misiones. Sin embargo, la idea de que a Estados Unidos le gusta derrochar en juguetes brillantes mientras que los rusos son un modelo de estoicismo y eficiencia pronto arraigó en la cultura popular. Había nacido la leyenda urbana del Space Pen.

Lo más curioso del asunto es que, aunque el Space Pen sí que se ha utilizado en misiones y la NASA compró alegremente la idea a este empresario, los primeros bolígrafos que se utilizaron eran bolis comunes y corrientes. Contrariamente a la creencia popular, los bolígrafos normales también funcionan en el espacio. [NASA vía Scientific American, How Stuff Works, y ITOTD]

Foto: Wikimedia Commons

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