Recreación artística de Kepler-10C, la primera mega-tierra descubierta. Imagen: NASA

Una de los mayores obsesiones del ser humano es encontrar pruebas de vida extraterrestre y zanjar así, de una vez por todas, la molesta pregunta de si estamos solos o no en el Universo. Un equipo de astrofísicos de la Universidad de Harvard ha elaborado una interesante hipótesis que explica por qué no hemos encontrado vida aún, y tiene que ver con las estrellas.

El estudio, que acaba de publicarse en la revista Journal of Cosmology and Astroparticle, presta atención al tipo de estrellas alrededor de las cuales sería posible encontrar vida. Solemos pensar que, para que exista vida en otro planeta, se necesitan unas condiciones similares a las que existen en la Tierra y su órbita alrededor del Sol.

Interpretación artística de un exoplaneta con condiciones similares a la nuestra. Imagen: Christine Pulliam (CfA

Sin embargo, no tiene por qué ser así. Si contamos las estrellas de masa pequeña, las posibilidades de encontrar vida se multiplican por 1.000. O se multiplicarán, porque ese es precisamente el problema. Las condiciones para que estas estrellas alberguen vida no tendrán lugar hasta dentro de miles de millones de años. Avi Loeb, astrofísico en Harvard y principal autor del estudio explica:

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Es normal que pensemos que somos la forma de vida más común del universo simplemente porque somos la única que conocemos. Por esa razón, la gente asume que para que la vida emerja es preciso que exista un planeta similar al nuestro junto a una estrella similar a la nuestra.

Las estrellas de masa pequeña como Próxima Centauri no emiten tanta energía como nuestro Sol, pero son mucho más abundantes y su ciclo de vida es mucho más largo. De hecho, es tan largo que solo podemos hacer conjeturas teóricas sobre su duración. Su etapa en la secuencia principal tiene mayor duración que la actual edad del universo.

Imagen de Próxima Centauri, una estrella de masa pequeña. Foto: ESA/Hubble/NASA

Usando lo que sabemos sobre estas estrellas, Loeb ha calculado que el universo probablemente sea un lugar repleto de vida y civilizaciones alienígenas... dentro de billones de años. En otras palabras, los seres humanos hemos llegado demasiado pronto al terreno de juego. En cierto modo es una ventaja, aunque también nos condena a tener la misma sensación de soledad durante varios millones de generaciones.

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Por supuesto, los cálculos de Loeb asumen que las estrellas de masa pequeña pueden albergar vida. Cabe la posibilidad de que haya alguna variable que se nos escape y que haga a estas estrellas incompatibles con la vida. Quizá emitan demasiada radiación y eso esterilice cualquier planeta cercano.

Afortunadamente, es probable que podamos recabar datos suficientes sobres estos soles y los planetas que giran a su alrededor en la próxima década. Por último, siempre cabe la posibilidad de que las posibilidades terminen por desafiar a la lógica y encontremos otra civilización en un período de tiempo más razonable. El universo tiene la buena costumbre de reirse de nuestras hipótesis a la menor oportunidad. [Relative Likelihood for Life as a Function of Cosmic Time]


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