Un macho de camarón hada (Eubranchipus grubii). Foto: Wikipedia

Como decía el bueno del doctor Ian Malcolm en Jurassic Park: la vida se abre camino. Durante la Segunda Guerra Mundial, cientos de bombas asolaron la región de Kiskunsági, en Hungría. Hoy, sus cráteres aún perduran, pero ahora son el hábitat de una rara especie de camarón.

El origen de estos cráteres es el error de cálculo de los bombardeos aéreos que buscaban destruir el aeropuerto de la cercana ciudad de Apaj. Las bombas que no alcanzaron su objetivo han dejado el paisaje marcado por centenares de depresiones circulares.

Foto: Zsófia Horváth

Hoy, Kiskunsági es un parque natural formado por extensas praderas y humedales salinos. En la época de lluvias, estas llanuras se inundan parcialmente, dando lugar a un ecosistema único. Con el tiempo, gran parte de estas praderas se han secado, pero los cráteres siguen llenos de agua y son un importante reducto de especies protegidas.

Foto: Zsófia Horváth

Científicos del Centro de Investigación de Ecosistemas Acuáticos de WasserCluster Lunz, en Austria, han realizado un reciente recuento de las especies que habitan 54 de estos cráteres. Hay nada menos que 274 especies viviendo en ellos, desde escarabajos acuáticos a tortugas. Algunas de ellas son muy raras, como un tipo de camarón hada (Eubranchipus grubii) del que solo se conocen dos avistamientos en Hungría en los últimos 25 años.

El camarón de las hadas es un diminuto crustáceo que habita las aguas salobres de este ecosistema. En condiciones normales, sus huevos hibernan en el suelo durante la época seca y eclosionan con las lluvias. Los cráteres de Kiskunsági les han regalado un hábitat permanente. El ecosistema es también el hogar de un alga que solo existe en estas charcas de Europa Central y en algunos lagos salobres de Chile.

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Csaba Vad, del Centro de Investigación de Ecosistemas Acuáticos de WasserCluster Lunz, explica que los cráteres no son el único ecosistema creado por el hombre durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos de los submarinos y barcos de guerra hundidos durante el conflicto se han convertido en arrecifes de coral habitados por especies protegidas. [vía New Scientist]