Imagen: Don Davis

Aquí tienes un pensamiento divertido con el que empezar la semana: una nueva investigación sugiere que el mayor peligro que plantea un hipotético asteroide que llega a la Tierra no es el impacto cataclísmico del golpe sino la enorme onda de choque que se produce cuando entra en la atmósfera.

Un estudio aceptado para su publicación en Meteoritics and Planetary Science (que puedes leer aquí) sugiere que la mayoría de las muertes que desencadenaría un asteroide lo suficientemente grande estarían causadas por la explosión de aire producida en la entrada atmosférica, sin importar si el asteroide se desintegrase en el aire o golpease la superficie. La noticia ligeramente menos terrible es que la onda de choque del asteroide asesino tendría que ocurrir cerca de un área urbana altamente poblada para tener tal efecto. La mejor noticia es que los impactos de grandes asteroides son muy, muy raros.

Advertisement

Un asteroide típico orbita el Sol a unos 30 km/s. A esa velocidad, golpearía la atmósfera de la Tierra con muchísima fuerza, expulsando una espantosa cantidad de energía. La onda de choque resultante, dice Clemens Rumpf, autor principal del estudio de la Universidad de Southampton en el Reino Unido, provocaría ráfagas de aire en la superficie terrestre similares a un tornado, además de un rastro de escombros ardientes. En algunos casos, el asteroide se desintegraría completamente, pero si sobreviviese al viaje a través de la atmósfera, golpearía la Tierra formando un cráter, arrojando escombros a kilómetros de distancia y provocando grandes terremotos. En pocas palabras, sería un día muy malo en la Tierra, especialmente para las pobres almas que viviesen cerca del sitio de impacto.

Para evaluar el riesgo de mortalidad de los asteroides, Rumpf consideró tres posibles escenarios de impacto: los efectos de un asteroide si el objeto se desintegrase antes de chocar contra el suelo, un evento donde golpearía la superficie de la Tierra y los efectos del tsunami resultante si cayese en el mar.

Diagrama de flujo del infierno. Imagen: C. M. Rumpf et al., 2017

Para el estudio, Rumpf bosquejó un diagrama de flujo que muestra todas las formas posibles en las que el impacto podría desarrollarse (representado arriba). Y luego amplió la información de dos escenarios en particular.

Advertisement

En el primero de esos escenarios, Rumpf consideró lo que ocurriría si un asteroide de 200 metros de ancho golpease el océano Atlántico a 130 kilómetros de la costa de Río de Janeiro. Tal evento, dice Rumpf, resultaría en aproximadamente 50.000 muertes. Sus cálculos muestran que el 75% de estas muertes serían el resultado de un tsunami, y el 25% restante moriría por las ráfagas de la explosión de aire.

Investigaciones anteriores ya advirtieron de los efectos desastrosos de un tsunami, pero el estudio de Rumpf muestra que las plataformas continentales probablemente jugarían un importante papel de amortiguación, disipando las olas en los bordes inclinados de la playa.

En el segundo escenario, Rumpf proporcionó estimaciones de las muertes en caso de impacto en Londres o Berlín. Consideró dos tamaños de asteroides, 50 y 200 metros, y lo que ocurriría tanto si se desintegrarse el asteroide como si impactara. La tabla de abajo muestra sus resultados.

Imagen: C. M. Rumpf et al., 2017

Lo aterrador es que Rumpf proyecta millones de muertes, la gran mayoría (~85%) por las ráfagas de aire, incluso si el asteroide llegase al suelo. Alrededor del 15 % de la población moriría por el calor generado por la explosión de aire. Otras causas (ondas de presión, calor, terremotos, el impacto, los escombros y el tsunami), representaría el resto de las muertes.

Da miedo pensarlo. Pero ten en cuenta que un impacto de esta magnitud ocurre aproximadamente una vez cada 40.000 años. Es más, la mayor parte de la superficie del planeta está deshabitada, por lo que las probabilidades de que un asteroide explote sobre tu ciudad es muy escasa. Aun así, los científicos deberían seguir pensando en cómo destruir un asteroide mortal desde el espacio, por si acaso. [arXiv vía New Scientist]