Investigadores de la Universidad de Copenhague han conseguido entender un poco mejor cómo es el funcionamiento molecular detrás de la cocaína. Perfeccionándolo, es posible que en un futuro podamos tratar la adicción a la misma, para la que actualmente no hay cura.

¿Cómo? La explicación reside en la dopamina. Tal y como explican en Phys.org, es la molécula señalizadora del cerebro encargada de la sensación de placer y de refuerzo, suministrando sentimientos de gozo para motivar proactivamente a un individuo a realizar ciertas acciones. Es la misma molécula que se libera cuando hacemos deporte, con el sexo o cuando comemos.

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La dopamina tiene un transportador, el transportador biológico de dopamina, que es el encargado de regular su presencia en nuestro sistema neurológico. Dicho de otro modo, es el encargado de controlar que nuestro cuerpo no se pase de la raya y libere dopaminas todo el rato, provocando una especie de euforia imparable que, en casos patológicos, está estrechamente relacionada con la esquizofrenia.

Lo que hace la cocaína es, por tener mayor afinidad, unirse al transportador biológico de la dopamina, impidiendo por tanto que se una a él nuestra dopamina endógena y que se produzca sobrebundancia de la misma (hasta un 150%) en nuestro organismo. El resultado es el "colocón" y la sensación de euforia extrema propias de la cocaína.

El descubrimiento en cuestión radica en que dichos investigadores han conseguido desarrollar una molécula que, administrada en ratas, tiene aún más afinidad por el transportador de dopamina que la cocaína pero que a su vez no produce la sensación de placer y de euforia. Compite, por así decirlo, con la propia cocína y anula sus efectos.

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Cuando los científicos descubran cuáles son las diferencias, a nivel molecular, entre uno y otro caso y aplicarlo a humanos podremos desarrollar inhibidores para la cocaína que funcionarán, a efectos prácticos, como una antídoto contra la adicción a a misma. Los efectos derivados de su uso abusivo y el síndrome de abstinencia, por desgracia y por tanto, no podrán evitarse. [Vía: Phys.org vía Journal of Biological Chemistry]

Foto: Mukhina Viktoriia / Shutterstock