Fotos: Eduardo Soto / CONICET

Bienvenidos a la isla Robinson Crusoe, un pequeño pero fértil pedazo de tierra firme a unos 640 kilómetros de la costa de Chile. Nada de lo que vive en esta isla es nativo de ella. Todas las especies han llegado de alguna forma. En el caso de estas cuatro arañas lo han hecho volando.

Un equipo de científicos se ha encontrado con las cuatro nuevas especies durante una expedición a esta isla que inspiró a Robert Louis Stevenson para escribir su famosa novela. Se trata de anifaénidos (Anyphaenidae), una familia conocida popularmente como arañas fantasma por su color pálido y su extrema rapidez en tierra.

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¿Cómo diablos se las apaña una araña para volar miles de kilómetros? Martín Ramírez, biólogo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina, explica que utilizan una técnica similar a la de los globos aerostáticos de los seres humanos. Las arañas segregan una larga hebra de seda que funciona como una cometa a merced del viento y les permite volar miles de kilómetros sobre el océano. Una vez en la isla, las arañas evolucionaron muy rápidamente en cuatro especies de pequeño tamaño. La más grande mide solo 2,5 cm.

El análisis molecular confirma que proceden del continente, y la isla no tiene el suficiente tráfico humano como para pensar que hayan podido llegar en barco de la mano del hombre como otras especies invasivas.

Besos de araña

Un detalle que ha dejado perplejos a los científicos es que las cuatro especies tienen unos genitales muy pequeños para su tamaño. Analizando su comportamiento han descubierto un patrón bastante extraño. Antes de aparearse, las arañas fantasma de la isla frotan sus piezas bucales en algo parecido a lo que los seres humanos entendemos por besarnos.

Este comportamiento forma parte de un ritual de apareamiento muy complejo. Eso y la falta de competidores naturales hace pensar a los investigadores que estas arañas sencillamente no requieren de unos genitales de gran tamaño. La idea de una araña volando hasta una isla para vivir tranquila y dando tiernos besitos con sus pinzas bucales es extrañamente reconfortante y pavoroso a la vez. [vía National Geographic]