Lo que vemos en las imágenes es una auténtica maravilla de la ingeniera, unas obras imponentes de la arquitectura rusa de hace más de 300 años. Pero lo más impactante de esta hazaña es que bajo toda esa inmensa fachada no hay ni un solo clavo o refuerzo de acero que una el esqueleto. Impresionante.

El lago Onega es una gran lago que se encuentra en el noroeste de la Rusia europea. Se trata del segundo más grande de Europa (tras el Ladoga) donde desembocan hasta 58 ríos. A su alrededor cuenta con más de 1.600 islas, siendo una de ellas la isla de Kizhi, un enclave histórico por alojar tres grandes obras arquitectónicas de fama mundial construidas en madera.

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Nos referimos a las dos iglesias adyacentes y el enorme campanario octogonal que se puede apreciar en la zona. Es curioso, con estas obras se produce un efecto bajo el sol por el que parece que estamos ante algún tipo de material en plata, y lo cierto es que no se utilizó ningún tipo de metal.

La Iglesia de la Transfiguración, es una mole de 36 metros de altura (la estructura más grande de la isla) coronada con 22 domos. La otra, denominada Iglesia de la Intercesión, es más pequeña con 32 metros de altura y 9 cúpulas, ambas construidas a comienzos del siglos XVIII. Por último está el campanario de 29 metros de altura construido en 1862 como adición posterior a las iglesias.

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Como decíamos al comienzo, lo más curioso de todo es que para levantar estas construcciones no utilizaron ni un solo clavo o refuerzo de acero. La razón la encontramos en la tradición de los carpinteros rusos de la época, quiénes sólo utilizaban troncos de madera entrelazando las esquinas.

Por cierto, se trata de un espacio tan imponente que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1990. [MentalFloss]