Pisar un insecto es una circunstancia ya muy asquerosa de por sí, pero el horror alcanza nuevas cotas si lo que hemos pisado es un grillo afectado por nematomorfos. Este gusano parásito es tan desagradable que ha creado su propia leyenda en Chile y Argentina: la leyenda del pelo vivo.

El pelo vivo es un relato de los indios mapuches. Según la tradición, algunas mujeres con poderes mágicos (y malas intenciones) pueden dejar pelos vivientes en el agua que se cuelan por cualquier orificio corporal de las personas y provocan enfermedades o incluso la muerte.

La leyenda es solo un mito en lo que a humanos concierne, pero es muy real para los grillos, las mantis o los saltamontes. Estos desafortunados insectos son el anfitrión favorito de los nematomorfos, también llamados a veces gusanos crin de caballo o gusanos gordianos. Se trata de un tipo de parasitoide que se introduce el el organismo de los grillos cuando estos comen otros insectos infectados con las pequeñas larvas del gusano. A partir de ese momento, los gusanos crecen en el interior del sistema digestivo del grillo o el saltamontes hasta alcanzar un tamaño que ocupa prácticamente toda la cavidad abdominal del insecto (hasta 30 cm, sí, centímetros), desplazando sus órganos pero manteniéndolo a su huésped con vida y funcional.

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La manera que tienen los nematomorfos de matar a su anfitrión es más exótica. Cuando llega al estadio adulto, el gusano segrega neurotransmisores que vuelven loco al insecto. El infortunado grillo solo tiene una idea suicida en mente, que es encontrar una masa de agua lo bastante grande y arrojarse en ella.

Es en ese momento y solo en ese momento cuando los nematomorfos salen del insecto por la cloaca en un proceso tan fascinante como poco apto para estómagos delicados (sobre estas líneas hay un ejemplo). Eso es justamente lo que pasa cuando el excursionista pisa el grillo en el vídeo, que los gusanos se ven obligados a salir. Aunque no haya agua, los nematomorfos tratan de reproducirse formando un ovillo sobre el cadáver del grillo en un espectáculo que, aunque perfectamente natural, parece sacado de una película de terror. [Wired vía Science Alert]