Foto: Antarctic Heritage Trust

La Sociedad Antarctic Heritage Trust lleva unos meses examinando cabo Adare. El legendario punto de partida para las expediciones que exploraban la Antártida está lleno de artefactos olvidados por aquellos pioneros. El más reciente es un bizcocho de frutas. Tiene más de 100 años y aún es comestible.

El bizcocho ha aparecido envuelto en papel dentro de una caja de latón bastante deteriorada. No obstante, el alimento está en un increíble estado de conservación pese a haber sido horneado en algún momento entre 1910 y 1913.

Se da la circunstancia de que el bizcocho, elaborado por la compañía Huntley & Palmers, era uno de los alimentos que el explorador británico Robert Falcon Scott llevó consigo a la Antártida durante la expedición Terra Nova. Aunque la expedición era científica, Scott anhelaba ser el primero en poner el pie en el Polo Sur. Al alcanzar esa marca geográfica, el 17 de enero de 1912, descubrió que el equipo del explorador noruego Amudsen se le había adelantado por 34 días. Scott y toda su expedición perecieron en ese viaje.

Los cinco miembros de la malograda expedición Terra Nova. Foto: Wikimedia Commons

El bizcocho que Scott dejó en las cabañas de cabo Adare (probablemente porque era demasiado pesado) era un alimento muy habitual entre los exploradores por su alto nivel calórico. La directora del proyectop de recuperación de este lugar histórico explica:

Encontrar este bizcocho en una de las cajas de latón más dañadas y a solo dos semanas de abandonar la campaña de recuperación de artefactos de este año ha sido toda una sorpresa. Es un alimento muy calórico ideal para las misiones al ártico. De hecho sigue siendo uno de los alimentos favoritos de los exploradores a regiones heladas.

El equipo de arqueólogos está reparando el papel del exterior, la caja de latón, y tratando el bizcocho con varios productos químicos que prolongarán su frescura indefinidamente. No volverá a ser comestible, pero vivirá para siempre en un museo. [vía Antarctic Heritage Trust]