Imagen: Getty

Bajo unas medidas de seguridad extremas, viviendo en una cápsula de hormigón subterránea ante la atenta mirada de varios policías que se turnan, vive recluido Richard Lee McNair. No es un asesino cualquiera. Es el único que ha logrado con éxito enviarse por correo desde la cárcel.

Las últimas décadas de la vida de McNair se dividen en dos partes. Por un lado, su estancia en prisión en diferentes cárceles estadounidenses, por el otro, su estancia fuera de los centros como prófugo.

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Su historia como criminal comenzó en noviembre de 1987. McNair era un sargento destinado en una base de la Fuerza Aérea de Minot (Dakota del Norte). Un día, el hombre decide llevar a cabo un robo en el interior de las oficinas de la compañía Farmers Union Elevator.

Allí fue sorprendido por un hombre al que disparó. Luego mató al conductor de un camión estacionado fuera del recinto. En realidad, no era su primer hurto, el hombre llevaba un tiempo robando en pequeños negocios locales, necesitaba dinero urgente porque se había atrasado en el alquiler de un local donde almacenaba bienes (robados y propios).

McNair. WC

El gerente de estos locales decidió que McNair parecía sospechoso y contactó con la policía. El hombre fue arrestado y sentenciado a dos cadenas perpetuas por asesinato e intento de asesinato, y una condena de treinta años por robo.

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Aquí tuvo lugar su primer intento de fuga, el cual duró apenas unas horas. Tras su arresto inicial, fue esposado a una silla y la policía lo dejó sólo en una habitación.

McNair usó un protector labial que tenía en el bolsillo a modo de lubricante para liberar sus manos de las esposas. Cuando logró liberarse de la silla, escapó del edificio y fue perseguido por toda la ciudad como si se tratara de una película, el fugitivo huyó corriendo hasta que se vio rodeado por la policía en el techo de un edificio de tres pisos.

McNair en 1988. WC

Tras el arresto, fue dando tumbos en varias penitenciarias (con intentos de fuga mediante), hasta octubre de 1992. McNair escapó con otros dos prisioneros de la cárcel de Dakota del Norte, en Bismarck. Lo hizo arrastrándose a través de un conducto de ventilación. Uno de los prisioneros fue capturado en cuestión de horas, y el otro en cuestión de días.

Mientras tanto, McNair inició una huida que parecía tener éxito. Se dejó crecer el pelo y se tiñó de rubio para tratar de pasar desapercibido. Durante la fuga, que duró unos 10 meses, se dedicó a robar coches y recorrer el país. En 1993 lo vuelven a arrestar en Nebraska. Para entonces, y debido al número de delitos, el hombre pasó a ser considerado de alto riesgo y fue transferido a una prisión federal. Allí permaneció una década.

La fuga del siglo

McNair. WC

El 5 de abril de 2006 tuvo lugar la gran fuga. Probablemente, la más legendaria que se recuerde. McNair escapó de una cárcel de alta seguridad en Pollock, Louisiana.

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Después de 13 años, Richard se cansó de vivir en Louisiana. El recluso trabajaba allí como una persona responsable que daba servicio a los grandes carros para las bolsas de correo. Entre sus trabajos se incluía el área de fábrica, lugar donde se reparaban las bolsas de correo o correspondencia viejas o rotas. El preso ocupó este puesto durante varios meses, tiempo suficiente para tramar su fuga.

¿Cómo? De la manera más insólita que nadie lo haya hecho jamás: escapó escondiéndose en lo que denominó como una “cápsula de escape” construida por él mismo. En esencia, se trataba de un espacio que incluía un tubo de respiración que a su vez estaba enterrado debajo de una pila de bolsas de correo en los carritos donde se transportaba la correspondencia.

Prisión de máxima seguridad ADX Florence. Wikimedia Commons

Básicamente, se estaba enviando por correo. Estos carros se envolvían en plástico cuando estaban repletos y se transportaban a un almacén cercano a la cerca de la prisión. Después de que el personal del centro entregaba el carro, los policías solían ir a comer.

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Este fue el momento que aprovechó McNair, quién se salió de su “cápsula de escape” y logró huir. Algunos investigadores federales creen que debió haber recibido ayuda de otros presos para escapar, pero lo cierto es que McNair siempre ha mantenido que actuó solo, y además fue el único en lograrlo.

Él sabía que tenía hasta las 4 pm para que la prisión lo diera por huido. Su plan consistía en ir a la ciudad de Alexandria, en Louisiana, para luego robar algo de comida y un coche. Horas después de su fuga tiene lugar otro momento importante en la historia del hombre.

El oficial de policía Carl Bordelon detiene a McNair mientras este estaba corriendo (huyendo realmente) por una vía férrea cerca de Ball, Louisiana. El incidente fue capturado por una cámara de vídeo montada en el coche de Bordelon. McNair no tiene identificación, el policía le pregunta por su nombre y este le dice, con toda la sangre fría del mundo, que se llama Robert Jones…

Como se puede apreciar, cuando se le pregunta de nuevo cinco minutos después, McNair da un alias diferente, esta vez un tal Jimmy Jones. Sin embargo, Bordelon no se da cuenta. Incluso el recluso se echa a reír y bromea con el oficial. Hay un punto, cuando el policía consigue la descripción del recluso por radio, la misma que indicaba claramente que estaba ante McNair, donde se aprecia al fugitivo tranquilo, como si la cosa no fuera con él.

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Al final de la escena McNair convence a Bordelon de que estaba simplemente corriendo por el campo y ayudando en la ciudad para un proyecto sobre el Katrina.

Para abril del año 2006, el fugitivo pasó a formar parte de una lista de las 15 personas más buscadas en el país. La policía señaló en los medios que era muy peligroso y que se trataba de la primera persona en escapar de una prisión federal desde 1991.

Cápsula donde se encuentra McNair actualmente. Wikimedia Commons

Finalmente, fue atrapado a los 18 meses. Desde entonces, Richard McNair, el primer hombre en fugarse de una prisión de alta seguridad enviándose a sí mismo por correo, está en la prisión de máxima seguridad ADX Florence en Colorado.

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Obviamente, no es un lugar cualquiera. La denominada como “Alcatraz de las montañas” alberga a algunos de los prisioneros más peligrosos de Estados Unidos. El hombre vive encerrado en una cápsula de hormigón subterránea de 3,7 x 2 metros, no tiene acceso a Internet y varios personas se turnan para vigilarle.

Desde su celda ha escrito más de 300 cartas en las que describe con detalle sus escapadas, la vida en general y el asesinato que lo metió entre rejas hace muchos años. De hecho, estas cartas se convirtieron en un libro que lo convirtieron en una estrella: The Man Who Mailed Himself Out of Jail. [Wikipedia, New Yorker, The Man Who Mailed Himself Out of Jail]