Credit: Anthony O’Toole

Lo que vemos en las imágenes es un pez tropical diminuto de la familia de los blénidos. Los científicos han descubierto que los peces tienen la capacidad de generar un veneno químicamente único. Un “antídoto” que no utilizan para capturar a la presa, lo activan para escapar de sus depredadores.

En realidad se trata de los peces conocidos como blénidos de colmillos. Una especie de colores brillantes muy popular entre los aficiones a los acuarios caseros. Ahora resulta que estas pequeñas criaturas tenían un secreto evolutivo en sus colmillos prominentes.

Micro CT scan of a fangblenny (Casewell et al)

Siendo pequeños, los blénidos de colmillo están constantemente bajo la amenaza de cualquier depredador que pueda engullirlos en cualquier momento. Pero en caso de que esto suceda ahora sabemos que tienen un arma muy poderosa. Los blénidos pueden hundir sus poderosos caninos inferiores en el depredador para aflojar su mandíbula y huir ilesos.

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Lo cierto es que esto no es nuevo. Este comportamiento fue descrito por primera vez hace más de 40 años por el zoólogo George Losey, quien llegó a probar el veneno de los peces en algunos ratones y en él mismo. Aún así, hasta ahora nadie estaba seguro de cómo funcionaba el veneno. Según explicaba Losey en su trabajo de los 70:

La toxicidad de la mordedura del pez fue analizada por la fuerza mordiendo las colas de dos ratones blancos de laboratorio y mi mano. Las observaciones subsecuentes fueron proporcionadas inadvertidamente por las mordeduras en el área más blanda de mi cadera.

Un nuevo estudio revela el efecto del veneno

Un equipo internacional de biólogos ha descubierto finalmente qué compuestos se encuentran en el veneno que los peces inyectaron en la piel de Losey. Lo normal es que una mordedura de pez venenoso pueda activar un tipo de dolor insoportable, de hecho hay al menos 2.500 peces venenosos en la naturaleza y todos lanzan el veneno a través de espinas en sus aletas, en las colas o espaldas.

Y es aquí donde nos encontramos con la gran diferencia de esta clase de blénidos, su veneno es totalmente diferente. En primer lugar porque ahora sabemos que no lo hacen para atacar, sino para defenderse. En segundo lugar y más importante, porque el veneno no causa dolor, ya que contiene hormonas opioides, aquellas que estamos acostumbrados a pensar como analgésicos. Como explica el investigador Brian Fry, de la Universidad de Queensland en Australia:

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El veneno es químicamente único, el pez inyecta a otros peces con opioides que actúan como la heroína o la morfina, inhibiendo el dolor en lugar de causarlo.

Image: Richard Smith

Que nadie piense que si el pequeño pez ataca a un depredador su veneno le activa el efecto de un analgésico. Para ello las sustancias deberían ser liberadas en el cerebro, y es bastante improbable que pueden entrar en el cerebro de esa manera. En cambio, los investigadores piensan que el veneno va directo a la presión sanguínea del depredador, posiblemente con efectos como el desmayo o el mareo, situación que lo afloja del agarre de este y lo deja escapar.

Sea como fuere, la investigación sobre este veneno es un campo tremendamente emocionante que permite a los científicos descubrir nuevos compuestos para un posible uso potencial en la medicina.

Los investigadores hablan de alternativas a los analgésicos actuales o como fármaco que nos pueda proteger de un derrame cerebral. Lo cierto es que hasta ahora las serpientes, los escorpiones y las arañas eran los sospechosos habituales para este tipo de investigación. Ahora debemos sumar a esos diminutos peces que muchos tenían en los acuarios. Increíble. [Current Biology vía ScienceAlert]