Imagen: Park Lane Pictures

La mayor parte de las personas no se preocupan sobre dónde van a yacer una vez que mueran o cómo sus familiares se las van a apañar para cumplir sus últimos deseos. Claro está, la muerte de uno no es algo que se planifique (con suerte), pero la irónica realidad es que tener dónde “descansar eternamente”no es exactamente fácil, y mucho menos barato.

Normalmente cuando fallece alguien se llama a la funeraria y se acepta como viene todo “el menú”. El sector funerario no hace mucha promoción, no envía ofertas o catálogos y se sabe poco sobre de dónde salen los precios. A pesar de todo, es rentable porque (obviamente) siempre tiene demanda.

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En España hubo 422.276 fallecimientos en 2015, EE UU registró 2,7 millones de en el mismo periodo y Mexico por su parte 692.320. Probablemente casi todos pasaron por el sector. Tienes una funeraria cerca aunque no lo sepas, asegurado.

Imagen: Aaron Mello.

En general, pueden hacer con tu cuerpo dos cosas: o te entierran o te convierten en cenizas. ¿Y luego? Bueno, luego tienes que averiguar qué vas a hacer con las cenizas o dónde quieres dejar la caja.

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La incineración o cremación consiste en deshacer un cuerpo hasta su desintegración dentro en un horno crematorio que lo expone a calor directo, entre 870ºC y 980ºC, durante un lapso de 2 a 3 horas. Normalmente sólo el calor no logra deshacerlo todo, así que trituran el resutado después.

Ese polvo final equivale aproximadamente al 3% del peso original del cuerpo, y se deposita en una urna. Esta puede ser diferentes materiales y diseños: madera, mármol, metal... estos factores estéticos determinan mucho el precio (las de madera son las más caras) pero, en resumen, lo más caro de la incineración es encender ese horno tan grande para un solo cuerpo. Pagas directamente la energía que técnicamente hablando no se usa de manera eficiente porque no puedes “aprovechar el espacio” (dado que los restos se mezclarían y a nadie le haría gracia eso).

Imagen: Urnas funerarias cc/ Oakwood.

Como dato extra, en realidad, existen otros métodos alternativos para quemar menos conocidos, como la hidrólisis alcalina o la desintegración mediante nitrógeno pero, aunque son más ecológicos, rápidos y efectivos, también resultan más caros y por ello son menos frecuentes.

De todas formas, en general, incinerar es mucho más barato que enterrar. Históricamente se ha preferido la inhumación por cuestiones religiosas, y cuesta abandonar esta costumbre, pero económicamente es mejor.

En México el 55% aproximadamente prefiere ser enterrado según varias agencias funerarias consultadas por Gizmodo en Español, pero esto es porque en este país los hornos crematorios están colapsados. En España aún sólo elige la cremación un 36,2% pese a que su precio ronda solo los 800€ de media (una muy pequeña parte comparado con ser enterrado). En Estados Unidos gana por mucho incinerar y se prevé que para el 2030 más del 71% lo prefiera. Aquí los precios varían mucho de estado a estado, pero si vamos al interior, por ejemplo en Texas, un costo de entre $ 575 y $ 995 es normal.

En Japón los huesos no son pulverizados y la propia familia se encarga de recolectarlos. CC/ Autumn - Wikiwand.

Enterrar: una carrera por un hueco

Si se opta por la inhumación, la mayor parte del precio viene del ataúd. Los hay de muchos materiales: cartón, metal, madera… pero los de maderas preciosas son los más caros.

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“El ataúd más barato que ofrecemos es el metálico básico, está fabricado en láminas de calibre 26, con asas de plástico e interiores de tela”, afirma la agencia funeraria FUNEZA a Gizmodo en Español. Este que comentan tiene un precio de 2000 pesos mexicanos; por su parte el más caro que venden es de madera de caoba “con bordes redondeados e interiores en tela tipo terciopelo” y vale 49000 pesos (respectivamente esto serian 90€ o 106 dólares estadounidenses para el más barato, 2191€ o 2.578$ para el más caro pero, obviamente, si cambiamos de país no valdrá exactamente lo equivalente al cambio).

Además, el problema añadido de la caja es que hay que tener dónde ponerla y necesitas que te la transporten, y todo eso se cobra a parte. “En caso de optar por la inhumación, el costo del espacio en el cementerio incrementa considerablemente el precio del servicio contratado. Existe la opción de panteones civiles o municipales en las ciudades, pero debido a su demanda la gran mayoría se encuentran saturados (al menos en la CDMX y Estado de México, lo están)”.

Imagen: Hugues de Buyer-mimeure.

El espacio de las grandes ciudades hace tiempo que es insuficiente para contener el número de defunciones en casi cualquier gran metrópolis del mundo. Por ejemplo, casi la mitad de los cementerios de Inglaterra se quedarán sin espacio dentro de los próximos 20 años. Y ya existen ciudades cementerio enteras esparcidas por el mundo, la mayoría con cola para que te dejen reposar tus restos ahí.

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Según las fuentes consultadas, probablemente en CDMX no consigas un espacio temporal por menos de 19000 pesos. Temporal entendiendo que eso de descansar “eternamente” es relativo. Los huecos se alquilan por 7 años. Se puede adquirir la propiedad pero el desembolso es bastante estratosférico (cuánto de estratosférico es difícil de decir, no deja de ser una propiedad y como tal su valor se fija totalmente determinado por la demanda, a más gente lo quiera más sube, indiscriminadamente).

En España, para comparar, el coste medio de un sepelio es de 3.500 euros. El ataúd en sí, “sólo” cuesta unos 750€ de media, entendiendo que varía muchísimo con los modelos, pero el resto se encarece dependiendo de dónde se realice el acto y dónde te entierren. Por ejemplo, Barcelona y Tarragona son las ciudades más caras con un coste total medio de 6.441 y 5.323 euros, respectivamente.

Wadi us-Salaam (Valle de la paz). El cementerio más grande del mundo, con 6km cuadrados. CC/ Wikipedia.

Ni siquiera el polvo se puede dejar en cualquier sitio

Por último, en cuanto a las cenizas y dónde dejarlas, hay unas pocas opciones: podrías tener la urna en tu casa que es gratis (aunque la Iglesia católica no lo vea bien), podrías también alquilar ese hueco del que hablábamos (los de urnas son un poco más baratos y te caben varias). Pero existe una opción más: seguro que habrás visto en las películas la clásica última petición de que querer ser “esparcido” por un territorio concreto.

Este simbólico acto es muy vistoso y sobre todo emotivo, pero no es totalmente legal realizarlo en cualquier país, así que tienes que tener cuidado con lo que pides.

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En España y casi toda Europa, “abandonar un cadáver”, aunque esté triturado, esta totalmente prohibido en cualquier vía pública, dentro de lo cual se incluye el mar hasta cierta distancia de la costa, a no ser que se realice bajo una serie de condiciones. “Hacerlo puede conllevar una multa de hasta 750 euros”, aseguran para Gizmodo en Español los abogados de la compañía de seguros Legálitas.

Hay que obtener un permiso específico de la Dirección General de la Marina Mercante (DGMM), del Ministerio de Fomento o del órgano competente de la comunidad autónoma correspondiente. De todas formas, no se da a particulares sino que existen empresas con licencia para abandonar la citada vía pública: salir de aguas europeas, es decir, alejarse al menos doce millas náuticas de la costa. En tierra compran el terreno y así deja de ser público.

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En el caso de Estados Unidos la situación es similar. El permiso general se contempla en la directriz 229.1 y concede el transporte y entierro en el mar siempre que sean lanzadas más allá de tres millas náuticas desde la costa y dentro de depósitos homologados biodegradables (no se puede lanzar la urna tal cual, ni vaciar el bote). La Marina y la Guardia Costera de Estados Unidos tienen una guía sobre el entierro de los restos cremados en contenedores y las multas, que varían por estados.

En Mexico existen empresas que se dedican a integrar las cenizas en arrecifes usando las mismas urnas biodegradables citadas anteriormente. Existe un vacío legal respecto a las cenizas de muertos en sí en este país, no hay una prohibición explícita para decesos, pero sí se contempla que el abandono de cualquier residuo no biodegradable es un delito grave contra el medio ambiente, por lo cual también estaría penado tirar la urna sin más.

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Por último, existen otros sistemas un poco más excéntricos y caros, como el proceso de transformar las cenizas en un diamante (cuestan de entre 3.500 a 28.000 euros aproximadamente, dependiendo de los quilates), o urnas ecológicas que con las cenizas obtenidas de la persona te permiten plantar y hacer crecer un árbol bajo la idea de “dar continuidad a la vida”. En realidad, las opciones para acabar “por todo lo alto” son amplias, pero ninguna es realmente barata, ni fácil. Hasta morir es complicado si lo piensas.