A comienzos de este año, el veterano navegante olímpico Mitch Booth fundó una nueva naviera llamada BlackCat Superyachts. Con ese nombre, era de esperar que su primer proyecto no solo fuera negro, sino también un delirante lujo solo al alcance de bolsillos de la talla de Bruce Wayne. Eso sí, solo verlo es un auténtico espectáculo.

De momento es solo un concepto, pero solo necesita la firma de algún amante de las embarcaciones de recreo con muchos posibles para hacerse realidad. Si lo logra, será el yate con estructura única en fibra de carbono más grande del mundo. Su casco tiene 50 metros de longitud.

El diseño del navío está pensado para maximizar la estabilidad. No es un modelo de competición en el que haya que levantar las quillas. Al mismo tiempo se trata de reducir al máximo el calado para que pueda navegar en aguas de casi cualquier profundidad y con un mínimo consumo de combustible. En el interior, el vídeo de presentación muestra todos los lujos que uno puede imaginar de un apartamento en la zona noble de la playa.

¿Por qué tan pocos barcos llevan velas negras?

No tiene nada que ver con que las velas negras sean algo propio de la piratería. El hecho de que el Black Cat tenga las velas negras es una rareza dentro del mundo de los yates y lo es por un buen motivo: coste y tradición.

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Antiguamente, las velas se confeccionaban blancas porque se utilizaban materiales crudos sin teñir que terminaban por blanquearse completamente bajo los rayos UV del sol y el salitre del mar. Hace siglos, algunos navegantes trataron de proteger las velas del sol embadurnando la tela con aceites de pescado. El resultado fueron barcos con las velas anaranjadas o rojizas. La solución se convirtió en un problema cuando descubrieron que las ratas encuentran la combinación de tela y aceite deliciosa. Más tarde se llegó a emplear brea, que es el origen de las velas negras de algunos navíos clásicos.

Velas negras actuales compuestas de fibra de carbono. Foto: Sail-World

Volviendo al presente, el material más común con el que se confeccionan las velas de los barcos actuales es una fibra de polyester conocida como Dacron por su nombre comercial. Por sus características de resistencia a la intemperie, el Dacron es complicado de teñir y hay que emplear procesos de altas temperaturas que al mismo tiempo no comprometan la fibra. No es imposible de colorear, pero hacerlo encarece el precio. Por eso los navegantes optan por el color blanco, que es el básico más práctico y asequible (además de la opción tradicional).

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Aparte del Dacron, hay muchos otros tipos de fibra que se combinan con él, como Spectra, Kevlar o fibra de carbono. Este último material incorpora un color negruzco, pero lo normal es intercalar estas fibras para introducir patrones de color que distingan a unos navíos de otros, no teñir toda la vela. Finalmente, las capas externas de Mylar que protegen las velas pueden personalizarse con todo tipo de diseños impresos. Algunas categorías de navío deportivo, como los Spinnaker, usan velas de Nylon mucho más ligeras y fáciles de teñir que a menudo son de vivos colores. [vía Megayatch News y Quora]

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