La pericia del piloto de este F-16 y la resistencia del aparato evitaron lo que pudo haber sido una tragedia. El pasado octubre dos F-16 Vipers de las fuerzas aéreas estadounidenses chocaron. Uno de ellos se estrelló, el otro pudo regresar a la base. Aunque ahora sabemos en qué estado: con media ala arrancada.

Parece increíble que este F-16 Fighting Falcon pudiera volar más de 160 kilómetros con semejante daño en un ala pero, tal y como ha confirmado la USAF, es exactamente lo que ocurrió. El incidente se produjo el pasado octubre en Kansas, EE.UU., en una sesión de entrenamiento en la que participaban tres F-16. La simulación del ejercicio consistía en que dos aviones hacían de cazas "amigos" mientras que un tercero hacía de "enemigo". Sin embargo, en una de las pasadas cercanas entre los aviones algo fue mal. Una malinterpretación de los movimientos por parte de uno de los pilotos hizo que dos de los cazas colisionaran. Estos son los gráficos de la USAF que explica qué ocurrió:

En la colisión, uno de los dos aviones salió mucho peor parado. El piloto perdió el control por completo aunque pudo activar el mecanismo de eyección antes de que el caza se desplomara y estrellara. Afortunadamente al piloto no le ocurrió nada, aterrizó con su paracaídas a unos 100 metros del caza envuelto en llamas y completamente destruido:

Lo que sorprende del incidente es que el otro caza, con media ala completamente arrancada, pudiera llegar de vuelta a la base y aterrizar sano y salvo. Como se ve en esta otra toma debajo, volar así no debe ser en absoluto sencillo.

Debajo, una foto de un F-16 (entero) en pleno vuelo:

Foto: Wikimedia Commons

[vía Foxtrot Alpha]

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