Inky el pulpo. Imagen: Acuario Nacional de Nueva Zelanda

Los pulpos tienen el cerebro más grande del reino de los invertebrados. En general son tan inteligentes que pueden usar herramientas y se aburren si no tienen algún problema que resolver. Pero el caso de Inky, toda una atracción en el Acuario Nacional de Nueva Zelanda, es de matrícula de honor.

El pulpo Inky vivía en el acuario de la ciudad de Napier desde hacía dos años, cuando un pescador lo rescató de una trampa para langostas. Hace tres meses, durante unas tareas de mantenimiento, los empleados del acuario dejaron la tapa de su tanque ligeramente abierta y el pulpo consiguió escapar.

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Lo fascinante de la historia, que cautiva hoy a las redes sociales, es que Inky se abrió camino por el suelo del acuario hasta un desagüe con salida al mar. Tras atravesar una tubería de 50 metros que conducía a la Bahía de Hawke, al este de la Isla Norte del país, el cefalópodo nadaba libre en el Océano Pacífico.

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Así cuenta la historia Rob Yarrall, director del acuario:

Inky lleva con nosotros desde 2014. Es un pulpo muy popular entre los empleados del acuario y el público. En general, todos los pulpos son grandes escapistas y pueden escurrirse por espacios muy estrechos. Pueden reducir su tamaño hasta el tamaño de su boca, que es la única parte dura de su cuerpo. Es un pico, parecido al pico de los loros.

Este día en concreto estábamos haciendo trabajos de mantenimiento y nos habíamos dejado la tapa de su tanque un poco entreabierta, sólo un poco. A él le resultó tentador y trepó hasta llegar al suelo. Como somos un acuario tenemos desagües en todas partes por si ocurre alguna filtración de agua o un desbordamiento o cosas así.

Inky se las arregló para llegar hasta uno de los orificios de drenaje que llegan hasta el océano. Y se fue. Ni siquiera nos dejó un mensaje.

“La gran evasión”, tuitea hoy la delegación de la WWF en Nueva Zelanda:

Kerry Hewitt, encargado de las exhibiciones del acuario, explica que Inky “se estaba acostumbrando a vivir en el centro”, pero “había que mantenerlo entretenido porque si no se aburría”. Inky se escapó por accidente, pero también porque estaba aburrido y tenía curiosidad. Puede que la curiosidad matara al gato, pero al pulpo le ha valido la libertad. [The Washington Post, RNZ]


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