Ingenieros de la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos, han desarrollado un robot capaz de practicar cirugía cerebral de una forma mucho menos invasiva que hasta ahora. La idea, pensada para intervenir a pacientes epilépticos, es acceder al hipocampo, en la base del cerebro, a través de la mejilla sin tener que perforar el cráneo. Además, la mayor parte de los componentes de este robot se pueden generar mediante impresión 3D.

Actualmente, los neurocirujanos detectan la zona en la que se originan los ataques epilépticos a través de las mejillas de los pacientes. Sin embargo, las agujas que utilizan para este procedimiento son rectas y no pueden llegar a la región de origen –el hipocampo. Por eso, los médicos deben perforar el cerebro desde su parte superior para insertar estas agujas e intervenir las neuronas que causan el problema. Para solucionar esto, los ingenieros en la Universidad de Vanderbilt llevan 5 años trabajando en el prototipo del robot que podría reinventar por completo el método actual.

El robot trabaja mediante una aguja de aleación de níquel y titanio de 1,14mm (en el método tradicional es de 1,18mm) que funciona como un lápiz mecánico, siguiendo una trayectoria curva en el cerebro. Esta aguja se puede dirigir con precisión mediante una plataforma robótica operando dentro de un campo magnético creado por un escáner de resonancia. La combinación de estos elementos con aire comprimido hace que pueda avanzar un milímetro de cada vez sin dañar otras partes del cerebro.

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Con este sistema, la cirugía es menos invasiva y la recuperación del paciente más rápida y menos dolorosa. Incluso se lograron reducir los costes diseñando el sistema para que la mayoría de sus componentes puedan generarse mediante impresión 3D como lo muestra la imagen debajo.

El avance promete, pero aún no se ha probado con humanos ni animales. Según el profesor asociado de Ingeniería Mecánica en la universidad, Eric Barth, quien dirige el proyecto, el siguiente paso será probarlo con cadáveres. De funcionar y ser aprobado por las autoridades sanitarias, se estima que podría estar en salas de operaciones dentro de la próxima década. [vía Universidad de Vanderbilt]

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