Tengo sensaciones encontradas. Hoy me he sentado a probar con detalle (más allá de un stand de la IFA) las nuevas Gear VR de Samsung. Mis impresiones son las de estar ante algo que probablemente se convierta en una revolución en el futuro pero que, hoy por hoy, es poco más que un alarde tecnológico.

Definir con precisión lo que se siente al probar unas gafas de realidad virtual con tecnología de Oculus es un reto considerable, pero allá voy: es increíble. Es lo más inmersivo que he probado en mi vida. Es la promesa, hecha realidad, de aquellas demos casposas sobre la realidad virtual de los 90. (Casi) todo lo que alguna vez hemos soñado hacer con realidad virtual, o el menos su potencial, está ahí, presente.

Para quien no lo sepa, las Gear VR de Samsung surgen de una alianza con Oculus (la empresa de realidad virtual que fue adquirida hace poco por Facebook) y sólo funcionan con un teléfono: el Galaxy Note 4. Eso es posible en parte por la bestia parda que el Note 4 monta como procesador y en parte a lo descomunal de la densidad de píxeles de su panel: 518 pixeles por pulgada.

Traducido, eso implica que sí, aún vas a ver los pixeles a buen tamaño cuando te pongas las gafas, pero llega a un punto en el que ya no resulta tan molesto. Especialmente porque donde entra en juego la potencia bruta de ese hardware es en conseguir una latencia que se queda en torno a los 20 milisegundos. ¿Qué significa eso? Que el movimiento de tu cabeza capturado por los sensores de las gafas va a tardar muy poco en verse reflejado en tu pantalla, aumentando la sensación de inmersión y realismo.

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En el apartado técnico, casi romántico, las Gear VR de Samsung brillan. Es una pieza de hardware exquisita que te hace pensar, a los pocos minutos de probarla, en todas las posibilidades y en el futuro prometedor que hay detrás de la realidad virtual. Un ejercicio de ciencia-ficción donde la parte relativa a la "ficción" se está disolviendo poco a poco de la ecuación.

Por desgracia, hasta aquí llega lo bueno. Una vez agotadas las demos proporcionadas por Samsung (algunos tráilers de Transformers, un concierto de Paul McCartney, un vídeo grabado con el Note 4 y que aparece proyectado en la sala de un cine), el Oculus se queda como un juguete caro con unas posibilidades bastante limitadas. Este es el software que lo acompaña en el lanzamiento, preinstalado en una tarjeta microSD (incluída, de 16 GB):

  • Oculus Cinema – Oculus
  • 360 Videos – Oculus
  • 360 Photos – Oculus
  • Herobound – Oculus
  • Esper – Coatsink Software
  • Bomb Squad – Eric Froemling
  • Darknet – E McNeill
  • Viral – Fierce Kaiju
  • theBlu – Wemo Media, Inc.
  • Anshar Wars – OZWE
  • Proton Pulse – Zero Transform LLC
  • Titans of Space – Drash VR LLC
  • Romans From Mars – Sidekick LTD
  • Dreadhalls – Sergio Hidalgo
  • Ikarus – Uber Entertainment
  • Minotaur Rescue VR – Llamasoft, LTD

Puesto que no está conectada a un PC, como el Oculus Rift, y no podemos navegar por los menús del Galaxy Note 4 en realidad aumentada sino que lo hacemos a través de una aplicación personalizada, las posibilidades prácticas se limitan casi exclusivamente a pasar películas al teléfono y verlas en una sala de cine virtual que, todos los demás detalles aparte, resulta francamente impresionante.

Lo demás, sin embargo, lo constituyen pequeños juegos y demos (el más notorio es una versión en realidad aumentada de Temple Run 2) que son interesantes, divertidos y hasta sorprendentes de probar, pero que se agotan rápido y de ninguna manera justifican esos 249€ de precio final.

El Gear VR es uno más en esa larga lista de productos terminados que Samsung lanza al mercado pero que bien podrían figurar como prototipos. O mejor dicho, como experimentos. Es muy posible, y después de lo que he podido probar hoy estoy más y más convencido de ello, que en unos años estés realizando diariamente tareas y actividades que dependan de la conjunción de tu smartphone o tu PC con la realidad virtual.Pero todavía no. El Gear VR es, por desgracia, un paso demasiado rápido en una dirección que aunque sea la correcta todavía tiene un largo trecho por delante.

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