A veces usamos la imagen de un ratón corriendo en una rueda para representar la falta de libertad o de objetivos, pero ¿es correr en la rueda una patología? ¿qué opina el ratón? Para tratar de dar con una respuesta, un equipo de científicos decidió dejar dos de estas ruedas al aire libre.

Lo que hicieron los investigadores fue dejar dos jaulas completamente abiertas con una rueda de hacer ejercicio en puntos en los que abundan los ratones silvestres. Una estaba en mitad de un enorme bosque urbano. La otra cerca de unas dunas cerradas al público.

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Las jaulas estaban dotadas de cámaras de infrarrojos y sensores para activarse en caso de que un animal se acercara. Ambas han estado funcionando durante cerca de tres años de manera ininterrumpida. En ese tiempo han grabado 12.000 vídeos que han sido revisados por técnicos humanos para descartar movimientos casuales de la rueda o giros provocados desde fuera o por el mismo viento.

¿La conclusión? a los ratones silvestres les gusta subirse a la rueda para hacer ejercicio. Al principio pensaron que lo hacían atraídos por la comida que dejaban en la zona, así que dejaron de ponerla durante más de un año. Los ratones seguían viniendo y disfrutando de largas carreras en la rueda. En los primeros dos años se observaron 1.011 sesiones de las que 734 estaban protagonizadas por ratones. Otros animales como babosas, ratas, musarañas o ranas también usaron la rueda, pero solo los ratones lo hacían asiduamente.

El equipo también ha descartado que los ratones entraran accidentalmente en la rueda y no supieran salir. Salían y entraban libremente. De hecho regresaban a echar otra carrera pocos minutos después de haber acabado una. Las sesiones en la rueda eran más abundantes en primavera y verano, y declinaban progresivamente en otoño. La duración de cada sesión en este “gimnasio” ratonil varía, pero algunas alcanzaban los 18 minutos.

Comparados con sus homónimos de laboratorio, los ratones silvestres corren a menor velocidad, probablemente porque no necesitan ejercicio físico adicional. Sin embargo, la duración y frecuencia de las sesiones es la misma en ambos grupos.

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El estudio echa por tierra la idea de que correr en la rueda es un estereotipo de comportamiento (un comportamiento repetitivo que no tiene ninguna finalidad ni beneficio). Tampoco parece que correr en la rueda sea el síntoma de un deterioro psicológico de vivir en cautividad.

Por algún motivo, tanto los ratones de campo como los de laboratorio parecen elegir voluntariamente correr en la rueda y disfrutan con ello. Lo que no está claro es por qué lo hacen exactamente. Los científicos barajan las hipótesis de que les haga sentir la adrenalina de una persecución o simplemente sea una manera de jugar. [vía Proceedings of the Royal Society]