Imagen: Universidad de Murdoch (vía ABC News).

Cada vez es más común que los peces dorados que arrojan a ríos en Australia se terminen convirtiendo en monstruos con un peso de casi dos kilos, y suponen un verdadero riesgo para las especies nativas de esos ríos. La prueba la pueden ver en la imagen sobre estas líneas, de un pez dorado que creció mucho más de lo que podríamos imaginar.

La culpa de este problema la tienen las personas que arrojan sus peces dorados al río creyendo que “así los dejan en libertad y en su hábitat natural”. Esto no es así. De hecho, un estudio publicado por la Universidad de Murdoch asegura que los Carassius Auratus (nombre científico del pez dorado) son una especie bastante invasiva, y el que crezcan de este tamaño no hace más que perjudicar al ecosistema. Los peces dorados incluso se comen los huevos de otras especies.

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Además de invadir el ecosistema y prácticamente actuar como el brote de una enfermedad, el pez dorado también se ve perjudicado. En las muestras que obtuvieron los peces gigantes tenían lesiones y deformidades más allá de su tamaño. Y esta no es la primera vez que ocurre. En un lago de Estados Unidos encontraron peces dorados de hasta 50 centímetros de largo.

Así que la lección es sencilla: si por alguna razón te quieres deshacer de tu pez dorado, ya sea que vivas en Australia o no, lo mejor que puedes hacer es ir a un acuario y entregarlo o consultar con ellos. Además de que deberías haberlo pensado mejor antes de hacerte con un pobre animalito de estos si no podías cuidarlo. [Universidad de Murdoch vía ABC News]


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