¡Boom! Eso es lo que puede pasar cuando viertes sal fundida en un acuario de cristal lleno de agua fría. No es algo que vaya a ocurrir por accidente: para derretir la sal de mesa hace falta mucho calor, entre 260 y 600 grados Celsius. Es precisamente esa energía lo que convierte a la sal fundida en el peor enemigo de las peceras.

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El experimento que nos ocupa es obra del incombustible TheBackyardScientist —un canal de YouTube que ya nos sorprendió otras veces metiendo aluminio fundido en una sandía o sobre un bloque de hielo seco. Esta vez el resultado es mucho más espectacular, pero ocurre tan rápido que ni siquiera una cámara de 5.000 fps consigue captar en detalle cómo se resquebrajan las paredes de vidrio:

No hay truco ni edición. Es sal de mesa kosher (sin yodo ni aditivos) fundida con una llama de propano en un crisol de acero inoxidable. El color oscuro del líquido se debe a las impurezas del recipiente de acero, y de otro modo sería blanquecino o trasparente. Así que... ¿por qué ocurre?

El propio autor del vídeo ha abierto un hilo en Reddit para intentar aclararlo. Aunque el debate esté lleno de discrepancias, lo más probable es que se trate de una explosión de vapor. La altísima temperatura de la sal fundida rompe el efecto Leidenfrost y genera una onda expansiva de agua hirviendo. Al convertirse en vapor, el volumen del agua se multiplica por 1700 hasta que la insoportable presión hace que el acuario reviente.

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La sal fundida contiene una enorme cantidad de energía, por lo que se utiliza en baterías y reactores nucleares. El hecho de que sea soluble en agua puede estar ayudando en la transferencia de energía casi inmediata de la explosión que acabamos de ver. [TheBackyardScientist]

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