Uno sólo de estos pequeños drones no parece capaz de mucho, pero cuando se juntan varios, son una brillante, y un poco inquietante, muestra de cómo un grupo de robots puede coordinarse en una tarea común, en este caso es formar y mantener diferentes estructuras voladoras.

Los robots son el resultado de un proyecto llamado Distributed Flight Array que trata sobre computación distribuida. Cada robot está dotado de una serie de sensores que le permiten calcular su inclinación, altura, dirección, y distancia hasta a sus compañeros mecánicos. Esos sensores y unas pequeñas ruedas permiten a los miembros del enjambre acercarse y ensamblarse mediante unos imanes. Al unirse, un sistema de contactos facilita la comunicación entre los drones.

El cerebro de cada uno de estos drones es un chip de ta sólo 70Mhz, pero es más que suficiente para presumir de unas extraordinarias capacidades de vuelo. El profesor Raffaelo D’Andrea, del Instituto de Sistemas dinámicos y Control del Instituto Federal de Tecnología de Zurich es el padre del proyecto. Por el momento, los drones no son completamente autónomos. Necesitan un poco de ayuda por parte de un piloto que mantenga la posición del grupo para que este no se mueva a la deriva. Todo lo demás, lo hacen los drones por si mismos y, de hecho, el equipo de D’Andrea está trabajando en hacer a los robots completamente autónomos y ampliar su maniobrabilidad.

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De momento el Distributed Flight Array no ha sido desarrollado con una finalidad concreta más allá de la investigación, pero se nos ocurren múltiples usos que van desde la creación de andamios voladores para la construcción, a la erradicación de la especie humana. [ETH Zurich vía Wired]