Creo que en 2014 jugué a más indies que en todos los años anteriores, juntos. La culpa la tuvieron una serie de juegos que antes que sobresalir por su apartado técnico o gráficos de órdago (que también) consiguieron engancharme como pocos haciendo algo muy simple: retar mi percepción, una y otra vez.

Una pequeña nota previa, aunque los tráilers se incorporan en cada caso para dar más contexto y poder apreciar el juego de manera visual, para la mayoría no es muy aconsejable verlos y lo mejor es comenzar a jugar sin apenas ningún tipo de spoiler o aviso previo.

The Stanley Parable

Probablemente el primer candidato a ocupar esta lista. The Stanley Parable es uno de esos juegos de lo que cuanto menos sepas antes de jugarlo, mejor. Merece la pena.

Dear Esther

Dear Esther llama la atención por motivos muy distintos a The Stanley Parable. Es mucho más siniestro, lineal y de hecho todavía hay un intenso debate acerca de si Dear Esther es, exactamente, un videojuego. Exploraremos de manera casi aleatoria una isla mientras escuchamos el contenido de cartas dirigidas a una tal Esther que es, supuestamente, la mujer del narrador fallecida en un accidente de tráfico. El final es para enmarcar.

Gone Home

Los primeros 5 minutos de Gone Home son suficientes para que estés pegado a la pantalla hasta que consigas desentrañar el contenido del juego. La premisa es simple pero cautivadora: acabas de volver de viaje a tu casa después de mucho tiempo fuera y, casualidades de la vida, no han podido ir a recogerte al aeropuerto. Así que coges un taxi que te deja en la puerta de casa en medio de una tormenta, entras mientras escuchas el sonido del contestador automático y...

Braid

Braid es un viejo clásico, pero eso no le quita mérito. Un juego de puzzles que juega con nuestra percepción del tiempo y explora incluso, tímidamente, conceptos como la cuarta dimensión. Un juego cuyo salto de dificultad va a hacer que lo amemos y odiemos a partes iguales.

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